Eran como las 4 de la tarde, yo estaba en la casa de mi tía (hermana de mi mama), probándome ropa interior (ya que mi tía vende ropa en su casa), de hecho ese era el motivo de mi visita, comentaba con mi tía lo cómodo y lindo que era ese conjunto que traia, cuando sonó mi celular, y salio a hablar, regreso con cara de preocupación y me dijo que tenía que irse por que uno de mis primos había chocado y estaba en la delegación, salio casi corriendo pero antes me dijo… Quedate pruébate lo que quieras y luego vemos que onda.

Yo de lo más tranquila seguí, provándome ropa, me desnudaba sabiendo que estaba sola, no tenia tapujos en mirarme al espejo desde todos los ángulos, escuché la puerta pero pensé que mi tía había olvidado algo así que seguí.

Conforme pasaba el tiempo yo sentía que alguién me observaba, pero no lo tomaba en cuenta; De pronto por el espejo vi como un ojo me observaba desde la puerta que había quedado entreabierta, cuando mi tío se vio descubierto, no le quedo más remedio que abrir por completo la puerta, yo de inmediato me tape, sus ojos me miraban con deseo, una vez descubierto sabía que no tenia nada que perder así que dijo:

¿puedo seguirte viendo?

El esposo de mi tía, hombre de 40 y tantos atractivo, y yo adolescente cachonda, seguí el juego, sin tapujos me denudaba y me ponía uno y otro conjunto, el descaradamente saco su pene y comenzó a masturbarse mientras me observaba, yo tratando de mantener la calma, seguí modelando aquellos sexys conjuntos, verlo masturbándose me estaba calentando, me senté frente a él y comencé a tocarme también por encima de la tangita.

Cuando la hice a un lado y deje al descubierto mi joven y lampiña vagina el se abalanzó a chuparmela, yo me deje llevar, era una sencación increíble, pensé en devolverle aquel favor así que me arrodille frente a el y chupe con inexperiencia su enorme pene, su sabor me encantaba, me volvía loca, me levantó y yo por instinto recargué mis manos en la pared, el me hizo de nuevo a un lado la tanga y me penetro, me hizo el amor de una manera increíble, justo antes de venirse se la saco y se vino en mi culo, desde entonces mi tío y yo mantenemos una hermosa relación clandestina. 
 
saludos 
alexa

Un poco de mi historia…

Esa fue la primera vez que un hombre me tocaba de esa manera, todo comenzó al poco tiempo de que nos presentaron, este era para mi un chico muy normal y solo lo vi esa noche. El había venido de visitas a la ciudad donde vivo por solo un día, luego de un año el regresó por más tiempo, nos volvimos a ver y recordamos la noche en la cual nos conocimos. Casi sin conocernos comenzamos a salir.

Hay comenzó un cierto coqueteo por parte de los dos…

Ninguno queríamos dar a conocer nuestros verdaderos sentimientos. Un día fuimos a un cybert que quedaba cerca de donde el vivía, estuvimos allí unas dos horas y cuando decidimos salir teníamos que bajar dos pisos andando… Allí comenzó todo, el me abrazo y empezó a besarme pero un beso de esos bien trancados de los que no se quisieran se acaben nunca. Allí sentí de todo , reconozco que me ablande todita, el me acerco mucho, mucho a su miembro, lo pude sentir cerquita de mi sexo, hicimos movimientos que mucho sentimos y que me hacía pensar que esto podría llegar a mucho más, que solo tocadera. De repente escuchamos pasos, venían bajando unos chicos, tratamos de apresurarnos y fuimos a su casa. Allí continuamos besandonos pero sentía mucho miedo de lo que pudiera pasar, le pedí que me llevara a mi casa y así lo hizo.

Anochecía… Yo vivía con mi abuela, el no quería irse y yo tampoco quería que el se fuera, me arregle y me puse un vestidito muy cortito, estaba muy sexi y lo provocaba cada ves más y más… Soy bajita y el muy alto , tengo un trasero muy grande y una cinturita muy chiquita me quedaba perfecto. 

A mi abuela no le gustaba que a altas horas de la noche la luz estuviera encendida, eso ponía mas romántica la situación y era un punto a nuestro favor pero mi primo también vivía con mi abuela, esperamos fingiendo ver una peli hasta que mi primo se fue a dormir, según notamos que dormía el empezó a tocarme de una manera tan suave que las piernas solitas se me abrían, eran tantas las ganas que tenia de que ese chico me tocara.

Fue subiendo, subiendo, hasta que toco mi vagina estaba super-exitada y el lo pudo comprobar al notar lo mojada que estaba, allí no aguanto más, arrancó mi prenda intima y empezó a tocarme de una manera tan rica, apasionante, sabrosa, especial, me metí bajo unas sabanas en la cama con las que podía taparme y que el hiciera lo QUE QUISIERA, FUE FANTASTICO…..

CONTINUARA…..

Mila

Os voy a explicar cómo fue mi primera experiencia sexual, cuando yo tenía 18 años. Sucedió en el tren de cercanías que lleva a mi universidad y que iba (y sigue yendo) normalmente a tope a primera hora de la mañana. Un día, se estropeó el tren y tuvimos que esperar el siguiente, con lo que se juntó la gente de los dos trenes. Íbamos apretados como sardinas, sin poder movernos ni un centímetro. El trayecto dura 35 minutos y conforme iba parando en cada estación cada vez íbamos más apretados.

 

 

Yo me quedé aprisionada entre un hombre de unos 45 años , un poco bajito pero bastante atractivo que estaba detrás mío y una chica más o menos de mi edad. Al cabo de un rato noté unos movimientos por detrás que acabaron por concretarse en una mano que se posó sobre mi culo y que empezó a acariciármelo a través de la falda. Me giré para ver quien era y aunque al girarme paró, no podía ser nadie más que el hombre situado a mi espalda. Al volverme a girar, el prosiguió con sus tocamientos. No era la primera vez que me sucedía algo así, pero en las otras ocasiones me había podido escabullir. En ese momento era absolutamente imposible. Me dio corte montar una escena ahí, pues yo era muy tímida, así que le dejé hacer, pensando que tampoco tenía demasiada importancia que me tocara el culo a través de la ropa.

Mientras, delante mío y de cara a mi tenía una chica muy guapa, alta como yo y con unos pechos de un tamaño apreciable que quedaban justamente a la misma altura que los míos. Al principio no me di ni cuenta, pero no se si por lo toqueteos del hombre de detrás o porqué, pero empecé a notar gusto con el roce de mis pechos con los suyos. Era verano y las dos llevábamos unos tops ajustados y finitos, por lo que notaba perfectamente sus pechos. Conforme la excitación fue subiendo, mis pezones se fueron poniendo tiesos, cosa que se notaba a través del top. La otra chica se dio cuenta, pero lejos de intentar girarse (cosa harto difícil por otra parte) aumentó más si cabe el roce, exagerando un poco el balanceo natural del tren. Noté que a ella también se le erizaban los pezones y me empecé a excitar.

Mientras, detrás, el hombre debía haber tomado mi pasividad por aceptación y ya no se conformaba con tocar a través de la ropa y me había subido ligeramente la faldita, acariciando mis piernas, mis muslos y más tarde mi culo, éste por encima de las braguitas. Yo me volví a girar, no ya para que parara, sino para comprobar que nadie se daba cuenta de lo que sucedía, pues me hubiera dado mucha vergüenza que alguien se diera cuenta, pero comprobé que nadie se percataba de lo que sucedía. Cuando él vio que yo no ponía ninguna objeción, se lanzó todavía más, metiéndome la mano por debajo de las braguitas y tocándome y acariciándome el culo. Yo no había tenido relaciones sexuales con ningún chico. Había salido con algunos pero a lo máximo que habían llegado era a acariciarme los pechos por encima de la ropa, así que aquello me estaba excitando un montón. Mientras, la chica delante mío seguía balanceándose exageradamente, frotando sus pechos con los míos, pero sin atreverse a hacer nada más. Yo, aunque estaba muy excitada, tampoco me atrevía a hacer nada. No nos atrevíamos a mirarnos a la cara ya que del corte que nos daba nos mirábamos de reojo. Nunca había sentido ninguna atracción por las chicas, pero lo cierto es que aquel rozamiento con sus pechos, con sus pezones, unido a los tocamientos por detrás me estaban calentando muchísimo.

El hombre fue deslizando su mano a mi entrepierna. Yo estaba muy excitada y separé un poquito las piernas para facilitarle el acceso y él, como era más bajito que yo, pudo llegar desde atrás a la parte de delante, empezando a acariciarme con mucha suavidad y delicadeza, dándome un gusto enorme que yo nunca había sentido. Esa fue la primera vez que alguien acarició mi sexo. Siguió con las caricias un rato, notando yo que cada vez estaba más mojada. Él al notar lo mojada que estaba se dio cuenta de que estaba realmente excitada y que me estaba gustando lo que me hacía. Me fue metiendo un dedo dentro, también con mucho cuidado, y fue alternándolo con caricias sobre el clítoris. La chica de delante seguía poniéndome frenética con sus frotamientos. El hombre fue aumentando el ritmo poco a poco y yo me fui calentando más y más. Las sensaciones que experimentaba eran maravillosas, hasta el punto que del placer que me daba casi se me doblaban las piernas. Así siguió un rato hasta empezar a llegar al primer, intenso e inolvidable orgasmo de mi vida. Él, al notar la contracción de mis músculos aumentó la rapidez e intensidad de sus movimientos haciéndome tener un maravilloso y prolongado orgasmo, que ocurrió un par de minutos antes de llegar al destino del tren, teniendo yo que disimular para que nadie notara lo que me acababa de suceder. Me dejó totalmente extasiada el placer que había sentido, incomparable con nada que hubiera experimentado con anterioridad. Al llegar a la estación la chica se fue por su lado, imagino que con una calentura considerable pero sin atreverse a tomar ninguna iniciativa. Para llegar a mi universidad tenía que pasar por unos caminos entre bosquecillos y jardines que hay en el campus. Noté que el hombre me seguía, y en un momento dado se acercó a mi y me dijo que lo acompañara, cogiéndome por el hombro y llevándome por un camino que no era el que seguía todo el mundo y que llevaba a un lugar apartado.

En un primer instante tuve miedo, pues no sabía que intenciones tendría. Al llegar a unos arbustos que tapaban el lugar de cualquier mirada indiscreta, me preguntó si me lo había pasado bien. Yo, casi sin atreverme a mirarle, le dije tímidamente que si. Él me dijo que por qué no lo hacía disfrutar ahora a él, después de lo cual se bajó la bragueta. Me dijo que se la acariciara. Dudé un instante, pero sentía una sensación de agradecimiento hacia aquel hombre que me había proporcionado aquel placer tan intenso y desconocido hasta entonces por mi y pensé que no me podía negar y que era justo corresponderle. Algunas amigas me habían explicado que lo habían hecho a sus novios y tenía curiosidad por probarlo, así que metiendo la mano en su bragueta, saqué su polla que estaba ya muy tiesa y cogiéndola con mi mano izquierda se la empecé a menear. Como no lo debía hacer muy bien, el me agarró la mano y me enseñó como hacerlo. Era una sensación muy agradable tener ese miembro de carne caliente y tieso en mis manos. Mientras lo masturbaba él empezó a acariciarme los pechos, primero por encima del top, más tarde introdujo su mano por dentro y empezó a acariciarlos por encima de los sujetadores. Luego me los desabrochó y empezó a acariciármelos directamente sobre la piel, cosa que nadie había hecho antes, diciéndome que le encantaban lo grandes que lo tenía para lo jovencita que era, pero que lo que más le gustaba era lo duros que los tenía.

Estos comentarios unidos a las caricias hicieron que me volviera a excitar otra vez. La temperatura sexual fue aumentando en los dos, empezando él a gemir, preguntándome entre gemidos si me gustaba, a lo que yo contestaba, entre suspiros, que si, pues me estaba volviendo a poner super caliente. Fue la primera vez que comprobé lo que me excitaba que me tocaran los pechos. Él, además, sabía como acariciarlos, con suavidad, deteniéndose en lo pezones, cosa que hacía que me volviera loca. Yo me excité muchísimo, cosa que el notó y debió calentarle más todavía. Viendo como estaba yo de excitada me propuso hacer el amor. Yo a pesar de que estaba tan excitada tenía miedo, pues aunque no era virgen (me había desvirgado accidentalmente una vez con un tampax) me daba cosa meterme aquel pedazo de carne en mi pequeño agujerito, pensando que me haría mucho daño. Le dije que prefería que no, que no lo había hecho nunca, ante lo cual él no insistió, pero me dijo si se lo quería hacer con la boca. Aunque también me daba un poco de cosa, no supe negarme otra vez y me arrodillé delante de él para hacer la primera mamada de mi vida, aunque no tenía ni idea de como hacerlo. Él se dio cuenta y me fue dando instrucciones. Primero que la chupara, como si fuera un helado, recorriendo la punta con la lengua. Tenía un sabor un poco amargo, pero no era desagradable en absoluto. Después de estar un rato así, me dijo que me la metiera entera en la boca, rodeándola con los labios, y que la fuera recorriendo de arriba abajo. Sus gemidos eran continuados, diciéndome que lo hacía muy bien, que no parara, aunque tengo mis dudas de que realmente lo hiciera bien. Creo que lo que de verdad le excitaba era saber que le estaba haciendo la primera mamada de mi vida. Era una sensación muy gustosa el recorrerla con los labios y la lengua, pues era a la vez una cosa suave y delicada pero que estaba totalmente tensa y parecía un volcán a punto de estallar, que en efecto no tardó en estallar en el interior de mi boca, sin que yo me lo esperara, tragándome una buena parte de su semen y quedándome sorprendida de la cantidad de líquido que había salido. Sin dejarme levantar, me tumbó en el suelo, levantándome la faldita diciéndome que ahora quería hacerme disfrutar a mi y quitándome las braguitas. No puse ninguna resistencia pues estaba muy caliente y sabía que como él se había corrido, ya no me iba a follar. Pensé que me iba a hacer lo mismo que en el tren y la verdad es que me apetecía que lo hiciera pues quería volver a experimentar la sensación que noté con mi primer orgasmo y desahogar la excitación que tenía en ese momento. Separé las piernas y ante mi sorpresa el se lanzó a devorar mi rajita con su boca y lengua. El placer que sentí fue todavía mayor que cuando me había acariciado con sus dedos. ¡Cómo movía la lengua! A ratos lenta, de arriba abajo, a ratos rápida, deteniéndose en el clítoris, teniendo yo que morder mi top para no gritar de puro placer. Mientras, me agarraba el culo con las dos manos, colocando mis piernas sobre sus hombros para tener el acceso más fácil al interior de mi sexo. Luego me acariciaba los pechos. No tardé nada en tener un nuevo orgasmo. Imagino que al oír mis gemidos y gritos ahogados él debió de volverse a excitar.

El tener una jovencita de 18 añitos para él, totalmente inexperta, que estaba descubriendo los secretos del placer con él, que estaba completamente a su disposición y que además tenía un cuerpo espléndido le debía volver absolutamente loco. Estaba yo todavía disfrutando del primer orgasmo cuando noté que me estaba empezando a meter su polla, que volvía a estar tiesa otra vez. Me dijo que no me preocupara, que iría poco a poco y que ya vería como me gustaba. Afortunadamente fue con mucho cuidado, metiéndome sólo la punta. Intenté quejarme, pero los movimientos de la punta de su polla empezaron a darme tal gusto que fui incapaz de emitir ningún sonido que no fuera un gemido de placer. Viendo que yo no ponía ninguna objeción, sino todo lo contrario, me la fue metiendo poco a poco, con mucha delicadeza, sintiendo yo a cada centímetro que penetraba en mi interior un nuevo e intenso placer, hasta que llegó a meterla por completo. Que sensación más extraña, increíble y maravillosa cuando por fin la tuve toda dentro. Me entregué por completo a él, rodeándole con los brazos, atrayéndolo hacia mi y besándolo con pasión, juntando nuestras lenguas en un beso intenso y sentido, con el que le demostraba mi entrega absoluta. Él empezó a moverse con mucho cuidado. Yo lo abrazaba con todas mis fuerzas, sintiendo a cada movimiento suyo una inmensa oleada de placer. Notaba su polla en todo mi interior, me llenaba por completo y me daba un gusto increíble, nunca sentido hasta entonces. Aunque visto con la perspectiva del tiempo creo que aquel hombre se aprovecho de mi inexperiencia, tengo que agradecerle la delicadeza con que me hizo el amor, no preocupándose únicamente de satisfacer sus deseos, sino también de hacerme disfrutar en mi primera experiencia. Yo me dejaba hacer, abriendo las piernas al máximo que podía para sentirle más adentro. El se movía lentamente, haciendo que mi excitación y nerviosismo aumentaran. Mientras, con la boca y lengua me recorría los pechos, aumentando mi grado de excitación por momentos hasta llegar a un extremo tal que no pude resistir más: le agarré con las dos manos el culo y empecé a empujarle con fuerza hacia dentro. Él se debió sorprender, pero le debió excitar mucho pues enseguida empezó a embestirme con fuerza y rapidez, empezando yo enseguida a tener un orgasmo tras otro en una sucesión maravillosa y que parecía no tener fin. Yo solo acertaba a gemir tímidamente, pareciéndome increíble que pudiera sentir tanto placer. No me podía creer lo que estaba haciendo. Yo que hasta ese momento no había permitido a ningún chico con los que había salido que me tocara, había tenido mi primer orgasmo, le había hecho una mamada a un hombre mayor desconocido y ahora estaba disfrutando como una loca dejando que ese hombre me follara, teniendo un orgasmo tras otro y deseando que no se acabara nunca. El debía estar disfrutando también, pues imagino que no debía haber tenido muchas oportunidades de tener relaciones sexuales con un jovencita de 18 años y que además, aunque esté mal que lo diga yo, con un cuerpecito perfectamente desarrollado que hacía que muchos chicos me fueran detrás. Por si eso fuera poco, se añadía el morbo de saber que yo era virgen, que era el primero en acariciar, besar y lamer esos pechos ya de un tamaño apreciable, pero con la dureza y tersura de la juventud. Él estaba siendo el primero en sentir el despertar de mi carne, en hacerme perder la cabeza hasta entregarme por completo al placer que me proporcionaba un hombre, el primero al que yo sentía dentro de mi y me hacía sentir como una mujer. Él se daba cuenta de lo que yo estaba disfrutando e imagino que eso todavía le hacía sentirse mejor. Finalmente, el no pudo contenerse más y se corrió dentro de mi, sintiendo yo como me inundaban sus cálidos fluidos y haciéndome llegar a mi enésimo orgasmo.

Afortunadamente yo tomaba pastillas para controlar la regla y no hubo riesgo de quedarme embarazada. Al terminar, él se levantó y se vistió. Sin decir ninguna palabra, me dio un beso muy cariñoso y se fue. Nunca lo he vuelto a ver ni a saber de él. Si por casualidad leyera este relato, seguro que se reconocería en él y recordaría aquella experiencia. Él tuvo el privilegio de disfrutarme por primera vez y yo el de iniciarme con una hombre que sabía lo que se hacía. Si me viera ahora, seguro que tendría ganas de volver a repetir aquella experiencia, aunque quizás ahora sería yo quien le hiciera algunas proposiciones…

Autor: Fernando 

Resumen: Mi hermana que se llama Gina es una mujer preciosa, es chaparrita de ojos verdes y tes morena clara, con un cuerpo realmente espectacular, en pocas palabras es un bombón y está bien buena. Con solo verla me dan ganas de masturbarme. 

 

Todo comenzó así…


Ella y yo siempre fuimos a la escuela y posteriormente a secundaria juntos, yo me convertí en el chavo más popular de la secu y ella la chica más guapa, todas sus amigas se habían dado un faje conmigo pero a mí la que me interesaba era ella.

Yo siempre imaginaba el momento de tocarla y empecé a imaginarmela cambiandose de ropa mientras la observaba. Un día mientras se desnudaba y se duchaba le vi el cuerpo totalmente desnudo, esta fue la primera ves que la vi así. Me ponía nervioso y muy exitado y mientras veía que se secaba su puchita me vine en los pantalones, ni si quiera me había tocado, no pude contenerlo, después de ese día me pasó muchas veces más…

Yo tenía que partir a Los Estados Unidos y odiaba la idea de no verla más en cuatro meses que era el tiempo estimado que iba a estar fuera. Al poco tiempo ella comentó que quería venir conmigo a Nueva York, al principio lo dudé, pero luego accedí de inmediato.

Acá vivimos con nuestra otra hermana que es mayos que nosotros, esta; no se el motivo pero no me atrae, aunque he de decir que es muy guapa también. Un día mi hermana la mayor y su esposo tuvieron que salir para no regresar en dos días y nos quedamos el bombón y yo solos en casa.

La primera noche ella se durmió temprano y yo al poco rato de ella apagar la luz, me puse una película porno, el volumen lo tenía bajo para que ella no lo escuchara aunque sabía que si estaba despierta la escucharía, en el fondo mi intención era que lo oyera y se exitara, me moría de ganas por tocarla, pero no pude, no sabía como iba a reaccionar más sabiendo que mi familia me consideran un chavo muy serio.  No sabía como podía reaccionar, o si lo iba a contar.

Al día siguiente me levanté como a las seis de la mañana para ir a trabajar, yo empezaba a las ocho y era una mañana de verano muy calurosa, al pasar cerca de su cama vi que estaba cubierta solo con una sabana blanca casi transparente, me quedé mirando su hermosa cara relajada mientras dormía. Me moría de ganas por tocarla. Y me lancé, puse el control de la tele cerca de su cuerpo por si despertaba poder poner la escusa de que iba a coger el mando.

Le empecé a acariciar por encima de su cuerpo y no despertaba, poco a poco lo hacía con más presión para ver si despertaba y nada, tiré lentamente de la sábana hasta destaparla completamente, solo vestía un short muy chiquito y un top, seguramente se abría quitado la blusa por el calor. Empecé a acariciarle las piernas y luego sus duritas nalgas, al ver que no despertaba le fui bajando con cuidado el short, llevaba un tanguita tipo hilo amarillo completamente mojado, estaba exitada, le quite el brasiert le empecé a chupar sus pezones paraditos, recorrí su cuerpo de besos, le abrí sus piernas, y le pasé mi lengua por sus ingles, podía ver como su piel se erizaba, empecé a comer su pucha,  me comí todo su clítoris y vagina, ella se retorcía de placer… La penetre con mis dedos y ponía cara de gran extinción, todo esto sin abrir los ojos claro. Quisas le avergonzara, no quería verme hacerle eso. Yo quería penetrarla pero sinceramente no me anime por miedo a a no se qué, estuve bastante rato acariciándola, comiéndola y dándole placer. Finalmente me masturbe con su mano, cuando casi terminaba me apretó muy fuerte la verga,  como si quisiera darme una señal de agradecimiento.

Le quite completamente el calzón y me quede con el, quería que cuando levantara se diera cuenta de lo que paso,  aunque sé, que ella estaba de acuerdo. Como despedida le puse mi esencia en su cara y a ella le escurría su jugo entre sus piernas, pasé la lengua por la corrida, era el mejor manjar que abría  probado nunca, quizás fue porque era el de mi hermana.

No pierdo la esperanza de cogérmela, ahora tiene 21 años y ya se ha casado, cuando eso sucedió tenía 19 años y yo 21. Me exita mucho la idea de que le sea infiel a su esposo conmigo.

Esta es una de mis experiencias más exitantes, Por favor me gustaría conocer sus opiniones, dejen sus comentarios, tal ves les ha pasado algo similar.

Autor: Anónimo  
   
   
   
Contenido: Un ruido llamó su atención, miró hacía abajo y pudo observar como se abría la ventana de enfrente, un piso más abajo. Era él, aquel muchacho que llevaba dos meses viviendo en el edificio, estaba en el baño y se disponía a afeitarse. Tenía el torso desnudo y una toalla enrollada en la cintura, ella no pudo evitar mirarle y se escondió tras la cortina de la ventana como si estuviera haciendo una travesura. Podía verle muy bien desde allí, era un chico muy atractivo, tenía la piel bronceada y los músculos de los brazos marcados, aunque no demasiado. No tenía prácticamente vello en el pecho y se podía adivinar que hacía deporte por su aspecto tan fibroso, llevaba el pelo un poco largo y ondulado.Ella se sorprendió de la excitación que le provocaba ver a ese hombre, deslizó sus manos sobre su bata de seda, acariciándose y dejando que se resbalasen sobre la suave tela, esa sensación le gustaba y disfrutó de ella sin apartar la mirada de la ventana. Sin querer sus manos tiraron del lazo que sujetaba la bata y sus dedos se dirigieron lentamente a su entrepierna, tenía ganas de tocarse, tenía ganas de sentir…

Levantó suavemente la tela de sus braguitas, él estaba terminando de afeitarse y estaba agachado ante el lavabo, lavándose la cara. Se incorporó y de repente sus ojos se clavaron en la imagen de una mujer que le observaba desde el piso de arriba, ella se sobresaltó y se escondió rápidamente tras la cortina, el corazón le latía fuertemente mientras se abrochaba la bata. No podía creer lo que había estado a punto de hacer, ¿le habría visto aquel muchacho?… Tímidamente volvió a mirar a través de la cortina, él seguía allí, se quitó la toalla que le cubría quedando completamente desnudo. Mientras entraba en la ducha volvió a mirar hacía la ventana de arriba y adivinó una silueta agazapada que seguía observándole.

Ella se vistió y decidió salir de casa para ir al supermercado, en el camino iba pensando en lo que le acababa de pasar. Era una mujer madura, tenía cuarenta y siete años, casada y con hijos, aquel muchacho podía ser hijo suyo, tendría unos veinticinco años como mucho. Era feliz en su matrimonio, aunque su vida sexual dejaba mucho que desear, hacía el amor con su marido de manera rutinaria y mecánica, casi no sentía placer. Muchas veces se había imaginado a sí misma como la protagonista de una película porno, probando todas esas cosas que había visto, siendo penetrada por todos lados y por muchos hombres, pero enseguida se arrepentía de esos pensamientos al imaginar lo que pensaría de ella su marido e incluso sus amistades, su círculo social era muy conservador y muy religioso, se sentía como una niña pequeña a la que le decían que eso era pecado. Pero ella intuía que el sexo tenía que ser algo más que lo que su torpe marido le ofrecía en la cama.

Inmersa en sus ensoñaciones volvió a casa cargada de bolsas, el portero le abrió la puerta y la saludó como muchos otros días. Subió en el ascensor hasta el tercer piso y buscó la llave en el bolso, abrió la puerta de su casa y cogió una de las bolsas que había dejado en el suelo, con el pie empujó la puerta para cerrarla pero no se oyó el ruido del portazo habitual. Ella se giró a la vez que una mano le tapaba la boca y el filo de una navaja presionaba contra su cuello, las bolsas cayeron al suelo y pudo ver como una manzana rodaba por el suelo hasta chocar contra una pared.

– No se te ocurra gritar- le susurró una voz al oído.

En el espejo del recibidor pudo ver el reflejo de su atacante, era un hombre alto, llevaba la cara tapada con un pasamontañas negro y las manos enguantadas. Podía notar el tacto del cuero contra sus labios y la fuerza de los brazos que la apretaban contra el pecho de aquel hombre, sin duda era una persona fuerte y joven.

Él empujó la puerta y se cerró de un golpe, después la llevó a la fuerza por el pasillo hasta su habitación y la hizo tumbarse en la cama. Comenzó a llorar, estaba muy asustada y todo su cuerpo temblaba. Él se le acercó sin soltar la navaja y besó sus lágrimas.
– No tienes nada que temer. Estoy aquí para hacer realidad tus sueños.

Y deslizó sus besos hasta su boca, ella se resistió pero ante la fuerza de su lengua y al temor de ser herida por el filo del arma, acabó abriendo sus labios para dejar que la besara. La sensación de esa boca desconocida la desorientó y no se dio cuenta de que mientras recibía ese beso, él la había esposado a los barrotes de la cama. Quiso gritar al verse tan indefensa pero esa lengua ocupaba todavía su boca y no le dejaba hacerlo, así que apretó sus dientes con fuerza y el extraño se retiró rápidamente hacía atrás.
Antes de que pudiera gritar la mano de cuero le tapó la boca mientras le susurraba:

– Confía en mí, por favor.

Los ojos de aquel hombre se clavaron en los suyos y parecían decirle la verdad, parecía que ese hombre no iba a hacerle nada malo. Él le tapó la boca con un pañuelo que sacó de un cajón de la cómoda y se sentó a su lado, observándola. Estuvo así varios minutos, hasta que sus manos comenzaron a acariciarla, suavemente, muy despacio. Ella se puso tensa y no quitaba la miraba de esos ojos que se dejaban ver entre los agujeros del pasamontañas, poco a poco fue relajándose y empezó a sentir lo agradable que eran esas caricias. Esas manos desabrocharon su blusa lentamente y se apoderaron de sus senos, la sensación de los guantes de cuero contra su piel le excitó y cerró los ojos, lo que aquel hombre le hacía le estaba gustando y eso no estaba bien, era un extraño que había irrumpido en su casa y pretendía violarla.

El filo de la navaja rasgó la tela del sujetador y sus pechos quedaron expuestos, con los pezones bien duros. Él acercó sus labios y comenzó a chuparlos, deslizando su lengua con avidez, ella sabía que no iba a poder contenerse a eso y notaba como sus braguitas se humedecían poco a poco. En su interior luchaba por no sentir placer pero esa lengua la volvía loca y no podía resistirse. Sintió unos suaves mordiscos en los pezones mientras unas manos se sumergían bajo su falda buscando su cálida entrepierna. Podía notar la erección de aquel hombre frotándose contra ella, parecía que el pantalón le iba a reventar cuando se desabrochó la cremallera y liberó una enorme verga sonrosada que apuntaba hacía arriba. En su escasa experiencia sexual jamás había visto algo parecido.

Enfrente de la cama había una mesa pequeña, como de un metro de altura, cubierta por una tela de terciopelo y llena de fotografías. Él se dirigió hasta la mesa y de un manotazo tiró todo al suelo, luego se acercó hasta ella y la liberó de sus esposas haciéndola levantar de la cama. Esto la asustó, no sabía lo que se proponía aquel individuo, pero por una extraña razón, no forcejeo demasiado, se dejó llevar hasta la mesa y él la tumbó encima con el pecho apoyado sobre la tela. En un rápido movimiento esposó sus manos a las patas y usó dos pañuelos para sujetar sus tobillos a las otras dos patas. No podía moverse en absoluto, él se le acercó por detrás y le subió la falda hasta la cintura, llevaba unas medias de encaje negro con un liguero y unas braguitas a juego, notó como le rasgaban las bragas con la navaja y su sexo quedaba totalmente expuesto para aquel desconocido.

Los dedos enguantados recorrieron su cálida abertura recogiendo los flujos que comenzaban a salir, esto hizo sonreir al hombre, sabía que ella iba a disfrutar de aquel encuentro. Deslizó la fría navaja por el ardiente sexo , esto la hizo estremecerse. De repente notó una lengua recorriéndola, buscando su vagina, su clítoris… Dios mío, hacía mucho que no sentía tanto placer, alguna vez su marido se había entretenido en hacerla disfrutar, pero ya no se acordaba de eso. Notaba como la lengua se agitaba dentro de su ser y las piernas le temblaban por las oleadas de placer que acudían a su cuerpo. Mientras los dedos de aquel hombre acariciaban su clítoris y conseguían que un orgasmo la invadiera. Abrió los ojos y pudo ver en el suelo una fotografía de su boda con el cristal hecho añicos, aquel extraño le había proporcionado el placer más intenso que había experimentado en su vida. Y ahora quería más y él estaba dispuesto a darselo, se acercó hasta su boca con su pene erecto entre las manos, retiró el pañuelo que la tapaba y la obligó a chuparlo sujetándole el cabello con las manos. Pensó que tendría que forcejear con ella para que se la comiera, pero para su sorpresa ella aceptó ese miembro en su boca y comenzó a mamarlo sin miramientos. Él se derretía de placer, al fin la tenía allí, toda para él, como había soñado muchas veces, chupaba su pene con muchas ganas y se sometía a él como en sus fantasias. Ya no pudo más y se volvió a colocar detrás de ella penetrándola de un golpe, se agarró a sus caderas y comenzó un ritmo frenético entre los gemidos de ambos. Él sabia que debía controlar la situación o se correría pronto, así que ralentizó sus movimientos y con su guante buscó los fluidos que rezumaban de ella, se impregnó bien de ellos y se dirigió a su ano, para comenzar a dilatarlo.

Ella enseguida se dio cuenta de lo que pretendía, nunca había practicado sexo anal y le entró miedo pero decidió relajarse y sentirse como la protagonista de esa película porno que tantas veces había imaginado. Un dedo se introdujo en su ano moviéndose en círculos mientras él seguía follándola sin descanso, la sensación fue un poco dolorosa al principio pero le fue gustando poco a poco y la enloqueció cuando sintió dos dedos en su interior agitándose y dilatando su agujero. Cuando estuvo lista él sacó su miembro de la vagina y lo acercó despacio hasta su ano, penetrándola con cuidado, pero con decisión y hasta el fondo. Un grito de dolor se escapó de sus labios, pero pronto se convirtieron en gritos de placer. Él ya no pudo contenerse más y desató toda su fuerza penetrándola sin cesar , aumentando el ritmo de sus embestidas hasta sentir como un orgasmo le invadía y se corría en su interior mientras le flaqueaban las piernas.
Muy despacio desató sus piernas y después se arrodilló ante ella y se acercó para besarla en los labios mientras soltaba sus manos de las patas de la mesa. Ella le correspondió a aquel beso y él le sonrió, pero enseguida salió corriendo de la habitación y se alejó por el pasillo para salir de la casa dando un portazo.

Ella se quedó tirada en el suelo, pensando en todo lo que acababa de pasar y en todas las sensaciones nuevas que había experimentado. Había descubierto por fin lo que es el placer y lo que es sentir un buen orgasmo, a sus cuarenta y siete años el sexo le ofrecía muchas cosas que jamás había imaginado. Se levantó del suelo y comenzó a recoger la casa para no dejar ninguna huella de lo que había sucedido, al poco tiempo llegó su marido y la encontró en la cocina.
– Hola cariño, ¿Qué tal todo?- dijo mientras le daba un beso distraído.
– Bien, todo bien.

Se acercó a la cortina y pudo ver como se abría la ventana del baño del vecino, allí estaba él y sobre el lavabo tenía un par de guantes de cuero.

 
Autor: Erótika
Resumen: No había querido saber nada, ni cuántos eran, ni su sexo, ni su edad, ni tan siquiera me importaba conocer su físico.Una mano abierta apoyada en mi espalda, y mi concentración centrada en ella, a pesar del resto de las caricias, a pesar de las lenguas que recorrían mi cuerpo, de los besos que invadían mi boca, de los roces de los cuerpos desnudos contra mi piel; a pesar de tantos estímulos sentía que esa mano me poseía simplemente por el hecho de estar en contacto conmigo. Su firmeza me infundía tranquilidad y confianza para afrontar el placer que me estaba llegando desde una docena de lugares distintos.
   
   
Contenido: No había querido saber nada, ni cuántos eran, ni su sexo, ni su edad, ni tan siquiera me importaba conocer su físico. Cuando él me expuso su fantasía de organizar una orgía en la que yo fuese ofrecida a quien quisiese poseerme, me excité tanto que empecé a masturbarme mientras le escuchaba. Aunque se había corrido hacía pocos minutos, el tema de conversación y mi reacción ante su idea le pusieron a tono rápidamente. Pidiéndome que no dejase de tocarme me penetró el culo con delicadeza para acabar follándomelo con todas sus fuerzas.Tardó más de lo que había pensado en preparar aquella fiesta y pasé las semanas de espera en un estado de nerviosismo y excitación constante, pero aún así seguía sin querer conocer ningún detalle.Cuando todo estuvo preparado y la fecha fijada, me preguntó si estaba decidida a hacerlo; intentaba asegurarse de que aquello no influiría en nuestros sentimientos ni afectaría a nuestra relación. Le tranquilicé, yo le quería, lo pasaríamos bien juntos de una forma distinta y no habría problemas por ello. Me sentía muy valiente, muy decidida.Pero según se acercaba el día señalado mi seguridad se tambaleaba y aquella misma mañana lo hubiese anulado todo de no ser por la terrible decepción que le hubiese causado. Así que, en vez de confesarle mis dudas, le pedí que estuviese siempre conmigo, pendiente de mí. Como respuesta me dio un beso rápido, me sonrió y dijo ¡Vamos a pasarlo genial, ya verás!.

Había alquilado para ese fin de semana un caserón alejado de la civilización pero acondicionado con todas las comodidades. Cuando llegamos y lo vi me quedé impresionada. Era muy antiguo, parecía un museo por los tapices y adornos que decoraban las distintas habitaciones. Una historia truculenta de las distintas generaciones que habían habitado allí estaba impresa en un montón de folletos a modo de propaganda en el mueble del recibidor, como reclamo publicitario insinuaba la posibilidad de que las almas de aquellas gentes vagasen aún por la casa, con eso ya se puede hacer uno una idea del aspecto del lugar.

Aunque nuestra fiesta no era hasta el sábado por la noche habíamos decidido irnos el viernes después del trabajo para dormir allí y aprovechar para cambiar de aires, hacer una excursión por los alrededores, dónde nos habían comentado que había parajes preciosos, y comer en un restaurante muy recomendado en todas las guías de ocio situado en un pueblecito cercano. Un fin de semana de lujo el que nos esperaba.

El viernes gastamos el tiempo en inspeccionar la casa y acomodarnos en ella. Metimos las provisiones que habíamos comprado en la nevera y en la despensa, deshicimos nuestras bolsas, nos preparamos una cena ligerita que tomamos en el porche y vimos una peli en una pantalla de esas gigantes y con sonido envolvente que habían instalado en uno de los tres salones que tenía la casita. Casi ni esperamos a que terminase la película para acostarnos de lo cansados que estábamos.

La cama era grande y cómoda, aunque un poco blanda para mi gusto, que estoy acostumbrada a colchones más firmes. A pesar de eso, y de que me suele afectar muchísimo cualquier cambio en mi entorno a la hora de dormir, caí rendida casi nada más acostarme. Me desperté sobresaltada creyendo haber oído un ruido y tardé un momento en darme cuenta de dónde estaba. Las contraventanas no cerraban del todo y un rayo de luz de luna entraba en la habitación. Me dio un escalofrío y me arrimé a Marcos, que dormía profundamente. Estaba a punto de dormirme de nuevo cuando volví a oír algo, me asusté pensando que alguien había entrado en la casa a robar.

– Tengo miedo – dije en un susurro mientras agarraba su brazo y daba tironcitos para despertarle sin conseguirlo.

Me acurruqué más aún a él y me dispuse a escuchar atentamente cualquier ruido sospechoso al tiempo que pensaba lo estúpido que había sido ver una película de suspense precisamente aquella noche. Una nube cubrió la luna y la habitación se oscureció. Marcos se revolvió tras de mí como si soñase y pareció darse cuenta de que estaba pegada a él porque pasó un brazo alrededor de mi cintura atrayéndome contra su cuerpo. Mi espalda presiono contra su pecho, mis nalgas contra su vientre y mis piernas se enroscaron en las suyas. Su mano se deslizó bajo mi camiseta y encontró uno de mis pechos, el “mmmm” que salió de su garganta me excitó tanto o más que su mano explorando mi piel. Mis pezones mostraron su agradecimiento contrayéndose y endureciéndose, pasé un brazo hacia atrás para acercar su cabeza a mi cuello y entonces él, en un movimiento rápido, dejó mi teta y agarró mi mano empujándome y echándose sobre mí. En un instante me vi bocabajo, con las manos aprisionadas por las suyas e inmovilizada bajo su peso.

– Ahora ya no tienes que temer nada – me susurró al oído con una voz distorsionada por el sueño.

Me soltó para sentarse sobre mis glúteos, me quitó la camiseta, apartó el pelo de mi cuello y acarició mis brazos y mi espalda con delicadeza y atención, como si quisiese aprenderse mi cuerpo, como si no lo conociese ya de sobra. Cada caricia me provocaba un escalofrío y me excitaba de una forma exagerada. Mi pubis se aplastaba contra las sábanas y mi deseo me llevaba a intentar moverme aunque sólo fuese unos milímetros para sentir algún roce en aquella zona mía tan necesitada. No sé si notó mi desesperación y quiso complacerme o si se la contagié y quiso complacerse a si mismo; la cuestión es que sin más preámbulos, sin ningún aviso ni paso previo se bajó de su asiento, me abrió las piernas, echó la braga a un lado y me penetro. Sus manos se clavaban en mi espalda y su polla en mi alma porque eso era lo que me parecía, que me follaba hasta el alma. Sus embestidas rápidas y profundas y sus manos dosificando mi respiración con su implacable presión hicieron que me corriese gritando contra la almohada.

– Mañana más – oí que me decía aún con la polla dentro de mí pero ya sin moverse.

Y así me dormí. Bocabajo en la cama y con su peso sobre mí. Cuando desperté él estaba en la ducha, el sol se adivinaba a través de las rendijas de las contraventanas y yo me encontraba feliz.

Pasamos la mañana en plan turistas por el pueblo, paseando entre sus antiguas calles y curioseando en sus tiendecitas de artesanía. Comimos maravillosamente en el restaurante que habíamos reservado y volvimos a casa para descansar un poco y prepararnos para la noche.

Decidí quedarme en el porche leyendo un rato mientras Marcos se tiraba en el sofá a ver la tele. Después de llevar casi veinte minutos leyendo una y otra vez el mismo párrafo, no me enteraba de nada; por más empeño que ponía en concentrarme en el libro no podía dejar de pensar que en unas horas estaría practicando sexo con un montón de extraños. Se me ocurrió que no estaría de más que fuese pensando en lo que me pondría, porque la verdad es que había traído la bolsa llena de ropa interior sugerente con la idea de decidir en el último momento lo que me apetecía para la ocasión.

Subí a la habitación dispuesta a probarme tangas, sujetadores y medias hasta que me cansase. Estaba ya medio desnuda cuando vi algo escrito con carmín en el espejo del tocador. Para que no tengas miedo, mi amor leí y extendida en un pañuelo rojo había una cadena con un precioso y elaborado colgante de plata, en el centro del adorno había una piedra ensartada de tal forma que giraba cuando la rozabas. Mirándola fijamente daba la extraña y placentera sensación de que cambiaba de color por momentos, era difícil quitar los ojos de ella. Me encantó el regalo.

Desnuda, con antifaz, colgante y zapatos, nada más; algo me decía que ésa era la mejor forma de presentarme aquella noche. Y decidí probar cómo me sentiría con ese aspecto. Me puse el colgante, los zapatos y saqué el antifaz que me cegaba y que tenía preparado para la noche, todavía tenías mis dudas sobre si ponérmelo o no. Me lo puse para probar, no veía nada; intenté imaginar qué aspecto tendría; intenté imaginar gente a mi alrededor mirándome; intenté imaginar las escenas que se iban a dar esa noche y que yo iba vivir a través de mis cuatro sentidos restantes. Empecé a excitarme. Busqué la cama a tientas y me tumbe en ella mientras mis manos se deslizaban sobre mi cuerpo. Vinieron a mi mente las caricias de la noche anterior y pensé en cuánto había estimulado aquella aventura que íbamos a cumplir el deseo entre nosotros. Habíamos pasado una mala racha hacía unos meses y ahora todo aquello parecía olvidado. Mientras mis pensamientos divagaban por esos derroteros una de mis manos acariciaba mi colgante nuevo haciendo girar aquella piedrecita entre mis dedos.

Sentí un roce en mis piernas y me sobresalté. ¡Oh no!, me he quedado dormida. Mi primera intención fue quitarme el antifaz pero alguien me lo impidió agarrando mis manos para ayudarme a ponerme en pie. Me parecía que no era Marcos, aunque no estaba segura. ¿Qué hora será? ¿Habrán llegado ya los invitados? Intenté tranquilizarme y pensar con calma.

– Es preciosa – creí entender que decía en un susurro la persona que me agarraba las manos.
– Y nos está esperando – otra voz, ésta la situé detrás de mí.
– Es generoso compartiéndola – dijo una mujer.

Me pregunté cuántas personas habría en la habitación y dónde diablos andaba metido Marcos. No me atrevía a hablar, aunque la verdad es que tampoco sabía qué decir. Los nervios me comenzaron a invadir y decidí quitarme el antifaz para tener más control sobre la situación, pero justo cuando iba a hacerlo, me besó. Un beso de esos nuestros, de esos que hacía tanto tiempo que no nos dábamos, un beso cargado de ternura, erotismo, pasión y deseo, de esos que hacen desaparecer el tiempo y el espacio, de esos que acaban siempre con un suspiro. Fue entonces cuando bajó su mano desde mi nuca, que era dónde había permanecido durante nuestro beso, hasta la mitad de mi espalda, y allí la dejó.

Alguien me agarró por los tobillos y me abrió las piernas, unas manos comenzaron a recorrerlas de forma lenta y acariciante. De pie en esa postura me sentía expuesta y observada y la situación me excitó. Oía voces a mí alrededor, pero todo el mundo hablaba muy bajito y no entendía las conversaciones, me los imaginaba a todos hablándose al oído, en susurros.

A las caricias de esas manos se unió una boca a la que se le antojó besarme el ombligo, primero de forma tímida y luego ya más apasionadamente, introduciendo su lengua en el orificio y agarrándome de las caderas para imitar los movimientos del acto sexual. Pensar que aquella persona, creo que era una mujer, deseaba follarme el ombligo resultó muy motivador.

Pronto estuve rodeada de gente. Sentía manos por todos lados y al notar mi evidente excitación, esas manos y sus dueños perdieron el respeto y delicadeza que inicialmente demostraban y se atrevieron a invadirme y explorarme por completo. Escuchaba sus jadeos mientras distintas bocas se alternaban para besarme. El olfato se me agudizó y el aroma de sexo, saliva y sudor empezó a afectarme también. Mordiscos, lametones, besos, roces y caricias se colaban por cualquier rincón de mi cuerpo. El placer era inmenso; mi primer orgasmo no tardó en llegar y mis jadeos y convulsiones no hicieron más que animar a algunas de aquellas personas a correrse también.

Aquella mano que se diferenciaba del resto por ser mi punto de amarre, decidió entonces bajar hasta mi cintura. Me rodeó con sus brazos y el resto de las personas se apartaron de mí. Me cogió en brazos y me dijo al oído:

– Espero que te haya gustado, los he traído para ti. He leído en tu mente, he visto tus deseos. Yo haré que se cumplan todos. Te quiero. – y me resultó tan extraño que no reconocí ni su voz.

Me tumbó en la cama y me hizo el amor. No sabía dónde se había metido el resto de la gente, no me importaba, me daba igual que estuviesen mirando o que hubiesen desaparecido. Fue algo inolvidable.

Quedé tendida en la cama, paladeando aún aquella experiencia maravillosa y las sensaciones que aún no se habían apagado del todo en mi cuerpo y mucho menos en mi mente. No sabía dónde había ido Marcos. Al cabo de un rato me quité el antifaz y me encontré sola en la habitación, estaba todo patas arriba. Me sorprendió que no fuese noche cerrada, debía ser más pronto de lo que pensaba o mucho más tarde. Justo cuando me levantaba se abrió la puerta y entró Marcos.

– Me he quedado dormido.- y mirando a su alrededor sorprendido: – ¡Vaya desorden! ¿Qué has estado haciendo? ¿Te tienes que duchar todavía? Va a empezar a llegar la gente y nosotros sin preparar.
– ¿La gente? – no entendía qué quería decir.
– Nena, que son las nueve, espabila. – y echándome un segundo vistazo – Bonito colgante. ¿Es nuevo?

Me dio vértigo. Miré al espejo de la cómoda y sólo vi un borrón de carmín. Con una aprensión tremenda me quité a toda prisa la cadena del cuello y la tiré sobre la cama. Tenía miedo de haberme vuelto loca. Marcos se metió en el baño y yo me quedé allí de pie intentando aclararme.

– Marcos,¿me has hecho el amor hace un rato? – me decidí a preguntarle.
– ¿Has tenido un sueño erótico? – dijo asomando la cabeza.
– ¿Y lo de anoche también fue un sueño? – el corazón se me iba a salir por la boca.
– ¿Anoche también? Pues vaya, sí te sienta a ti bien la emoción de la espera, ¡haberme despertado! – dijo partiéndose de risa.

La gente llegó, la fiesta se convirtió en orgía; esta vez sin antifaz. No me atrevía casi ni a parpadear por si perdía contacto con la realidad, lo veía todo como a cámara lenta. Hice todo lo que me solicitaron, me dejé hacer de todo, vi a Marcos con otras, con otros; le vi mirándome mientras disfrutaban de mí. Los invitados perdieron todo pudor y se vivieron escenas tremendamente morbosas. Pero yo no sentí nada. Parece lógico después de lo que acababa de pasarme, sí. Lo inquietante es, que a raíz de ese día no he vuelto a sentir placer ni a disfrutar a no ser que lleve puesto el colgante.

Han pasado dos meses. Mi relación con Marcos se ha roto, él piensa que fue por la orgía, que me afectó demasiado. Se siente culpable por más que le digo que no es por él. Igual es mejor así, me resultaría imposible explicarle lo que me pasa; bueno, ni a él ni a nadie. ¿Cómo podría explicar que vivo obsesionada de esta forma? ¿Que estoy convencida de que mi amante perfecto es un ser irreal? ¿Cómo puede alguien comprender que se pueda amar a un fantasma? ¿Cómo?… Si no lo comprendo ni yo.

Autor: Luis
  Resumen: Una sesión de gimnasia se trasforma en una buena sesión de sexo.
   
   
  Contenido: Yo no me considero homosexual, de hecho tenia novia desde hacia 3 años cuando sucedió este hecho. Ya desde la adolescencia me había atraído un amigo mío y más concretamente su polla. Aprovechaba cualquier oportunidad para intentar vérsela y a mí también me gustaba exhibirme para que él me la viera. Yo estoy operado de fimosis, por lo que siempre la tengo descapullada. Esto a veces nos llevo atener conversaciones sobre nuestras pollas, lo que a mí excitaba muchísimo. Pero él tenía un miembro excepcional. Un día hablando de tamaños, me dijo que le media 19 centímetros. Yo le conteste que la mía 14, que no esta mal. Pero él me dijo que para tenerla descapullada era poco, pero bueno. Cuando el cumplió 18 años tenia novia, yo tampoco tarde en empezar con una chica, y así nos fuimos distanciando un poco. Quedábamos de vez en cuando pero no era lo mismo. Cuando yo tenía 22 años, me encontré un día de fiesta con Javi, que asi se llamaba. Estuvimos hablando de que tal nos iba la vida y esas cosas. Él lo había dejado con su novia después de 4 años. Después de un rato decidimos quedar un día para jugar un frontón. El miércoles llegamos al frontón, nos metimos en nuestro vestuario. El hecho de volver a ver como se cambiaba me produjo una gran excitación y me trajo a la cabeza viejos recuerdos. Y cuando se quito el slip para ponerse un pantalón de neopreno de esos adelgazantes volví a contemplar ese precioso miembro que seguía igual que como lo recordaba. Teníamos cogida la pista para una hora. Pero él a los 35 minutos le dio un tirón en el cuadriceps, o eso pensaba yo en esos momentos. Fuimos a nuestro vestuario. Una vez allí yo me empecé a desnudar para ir a la ducha. Como hacia años, yo primero me desnudaba completamente y luego sin prisa buscaba la toalla y el champú y así podía lucirme un poco. Él también se había desnudado y se empezó a frotar un poco la pierna por donde presumiblemente le dolía. Yo me estaba empezando a calentar por lo que me metí en la ducha y la di que saliera un poco fría para calmarme un poco. Salí y empecé a secarme fuera, poco a poco acariciándome, perdón secándome casi enfrente de el. Creo que por una vez le estaba empezando a excitar yo a el. La ducha no tenía cortina ni nada, y al verle como se enjabonaba y frotaba su cuerpo me hizo empalmar. Por lo que enrolle la toalla. Cuando salió de la ducha se seco y yo mientras le observaba como se secaba su cuerpo y su enorme polla. Sin vestirse, puso la toalla sobre el banco y me pidió que le diera un pequeño masaje en la zona dañada con una crema que traía para los tirones. Era una crema muy grasienta que resbalaba bien por la piel. Yo cogí y empecé a frotarle su pierna. Enseguida me volví a empalmar al verle tumbado boca abajo completamente desnudo y con ese culo que tantas veces había querido tocar. Así que no lo pude evitar y comencé a subir con la mano y a frotarle también el glúteo. De vez en cuando se me escapaba un poco la mano y algún dedo rozaba y se metía por la línea del culo. Hasta que en una de esas veces, le debí producir algo placer ya que dio un pequeño gemido. Así yo me quite la toalla y la tire al suelo de forma que él pudiera verla caer, y así saber que yo me había desnudado. Mientras le frotaba con una mano con la otra me estaba, masturbando. A estas alturas ya me da igual lo que pensara de mí. Era una oportunidad única y no lo podía dejar pasar. La excitación provoco que no tardara ni un minuto en correrme cayendo todo mi semen sobre su cuerpo. El se había dado cuenta. Y se levanto y vi como él estaba completamente empalmado. – ¿Qué has hecho pájaro? – Correrme sobre tu cuerpo. Y ahora ven que tu te vas a correr en mi boca Así el se acerco y comencé a tragarme esos 19 cm. En mi boca. Había deseado hacer esto durante mucho tiempo. Me la metía, la volvía sacar y se la lamía entera como un caramelo, me metía sus huevos, chupaba y lamía su puntita, los líquidos que iba emanando, la lamía una y otra vez y le comía sus huevos, subía hasta su ombligo lamiendo todos los pelos que había a su alrededor. El no paraba de gemir. Se la seguí chupando y a la vez empecé a jugar con los dedos por su culo. Introduciendo uno poco a poco a la vez que le lamía su precioso capullo. No tardo en correrse dentro de mi boca a la vez que yo ya le metía dos dedos por el culo, me trague todo su semen y lamí también lo que le quedaba por la polla, me levante y le bese pasándole así algo de su semen a su boca lo que le gusto. Yo estaba como una moto y él tenia ya el culo un poco abierto por lo que le dije que se pusiera en cuatro patas. Me agarre la polla y la fui a cercando a su preciosa cueva. Le iba penetrando poco a poco pero parecía que le dolía mucho, así que me la saque me escupí bien la mano y me frote con esa mano la polla lo que la hacia que penetrara mejor. Ahora casi no hubo problemas y pronto el dolor inicial se le transformo en un gran placer. A la vez que yo le penetraba el se estaba, masturbando. Estaba disfrutando mucho, era un polvo maravilloso. El se corrió antes que yo, mientras se corría el apretó el culo lo me hizo disfrutar más y correrme en su interior enseguida expulsando todo mi esperma en su interior. Después estábamos exhaustos y nos tumbamos en el suelo hablando sobre lo que había pasado, hasta que decidió que lo mejor era ir a su casa porque se encontraba solo y teníamos toda la tarde para los dos. Me agarro y me dio un beso en la boca. Ya en su casa estaba deseando ser penetrado por su preciosa y grandiosa polla. Su beso fue bajando. Empezó a comerme y lamerme una oreja lo que me estaba poniendo como una moto. Mientras él lamía mi oreja yo le iba desatando el pantalón para empezar a sacar su polla, enseguida comencé a masturbarle. Pero pronto me corto porque él empezó a bajar y a desabrocharme la camisa para seguir lamiendo mi pecho. Se detuvo en mis pezones lamiéndoles como si a una mujer se lo estuviera haciendo. Mientras llegaba a mi ombligo empezó a desatarme el pantalón y a bajarme el calzoncillo. Mí polla salió grande y gorda y él ya se la dirigía hacia su boca. Pero antes de empezar a chupármela, se dedico a lamerla y meterse mis huevos en la boca. Las pequeñas gotas de líquido preseminal que salía las cogió con un dedo e hizo que empezara a lamerlo. Me estaba chupando mis propios fluidos. Pero pronto se bajo otra vez y ahora ya si empezó a chupármela, primero empezó suavemente, pero al oír mis primeros gemidos acelero los movimientos a la vez que con su mano empezaba a pasarla cerca de mi culo, y a introducir un dedo. Al introducir ese dedo, me hizo sentir en el cielo y le hice saber que pronto me iba a venir. Al decirle esto me cogió por el culo y me apretó hacia él. Así me vine en su boca. No se podía tragar todo y le caían estos alrededor de la boca. Al levantarse nos besamos y yo lamía los pequeños restos que quedaban alrededor de su boca. Ya había dilatado algo mi culo y después de ponerme a cuatro patas me metió de nuevo 2 dedos para luego coger su minga y empezar a metérmela poco a poco, con cuidado, para intentar hacerme el menor daño posible. Una vez que mi culo ya se había adaptado a su miembro él empezó a acelerar los movimientos y ya notaba como sus huevos chocaban contra mis glúteos y eso me volvía loco y provoco de nuevo otra erección en mí. Siempre había deseado tener esa polla dentro de mí y ahora por fin la estaba teniendo y me volvía loco. Él aceleró más los movimientos y gemía cada vez mas, no iba a tardar en correrse y empezó a venirse dentro de mí y yo apreté mis glúteos para hacerle sentir mejor todavía. Ahora yo quería penetrarle a él, se tumbo en el suelo y levanto sus piernas, después de lamerme un dedo se lo metí, luego acerque mi lengua para empezar a lamerle el culo, ya le estaba metiendo dos dedos y mi polla estaba con unas ganas tremendas así que no me demore más y sin pensar en el daño que le iba a hacer se la introduje de repente. Pero una vez que su culo se adapto, el ya gemía de placer al igual que yo. Al ver como mis huevos chocaban contra su cuerpo mi excite más aun y me corrí dentro de su interior. Después de ducharme y de besarnos me fui. Ahora cuando quiero engañar a mi novia no recurro a una mujer y él tampoco.