Autor: Erótika
Resumen: No había querido saber nada, ni cuántos eran, ni su sexo, ni su edad, ni tan siquiera me importaba conocer su físico.Una mano abierta apoyada en mi espalda, y mi concentración centrada en ella, a pesar del resto de las caricias, a pesar de las lenguas que recorrían mi cuerpo, de los besos que invadían mi boca, de los roces de los cuerpos desnudos contra mi piel; a pesar de tantos estímulos sentía que esa mano me poseía simplemente por el hecho de estar en contacto conmigo. Su firmeza me infundía tranquilidad y confianza para afrontar el placer que me estaba llegando desde una docena de lugares distintos.
   
   
Contenido: No había querido saber nada, ni cuántos eran, ni su sexo, ni su edad, ni tan siquiera me importaba conocer su físico. Cuando él me expuso su fantasía de organizar una orgía en la que yo fuese ofrecida a quien quisiese poseerme, me excité tanto que empecé a masturbarme mientras le escuchaba. Aunque se había corrido hacía pocos minutos, el tema de conversación y mi reacción ante su idea le pusieron a tono rápidamente. Pidiéndome que no dejase de tocarme me penetró el culo con delicadeza para acabar follándomelo con todas sus fuerzas.Tardó más de lo que había pensado en preparar aquella fiesta y pasé las semanas de espera en un estado de nerviosismo y excitación constante, pero aún así seguía sin querer conocer ningún detalle.Cuando todo estuvo preparado y la fecha fijada, me preguntó si estaba decidida a hacerlo; intentaba asegurarse de que aquello no influiría en nuestros sentimientos ni afectaría a nuestra relación. Le tranquilicé, yo le quería, lo pasaríamos bien juntos de una forma distinta y no habría problemas por ello. Me sentía muy valiente, muy decidida.Pero según se acercaba el día señalado mi seguridad se tambaleaba y aquella misma mañana lo hubiese anulado todo de no ser por la terrible decepción que le hubiese causado. Así que, en vez de confesarle mis dudas, le pedí que estuviese siempre conmigo, pendiente de mí. Como respuesta me dio un beso rápido, me sonrió y dijo ¡Vamos a pasarlo genial, ya verás!.

Había alquilado para ese fin de semana un caserón alejado de la civilización pero acondicionado con todas las comodidades. Cuando llegamos y lo vi me quedé impresionada. Era muy antiguo, parecía un museo por los tapices y adornos que decoraban las distintas habitaciones. Una historia truculenta de las distintas generaciones que habían habitado allí estaba impresa en un montón de folletos a modo de propaganda en el mueble del recibidor, como reclamo publicitario insinuaba la posibilidad de que las almas de aquellas gentes vagasen aún por la casa, con eso ya se puede hacer uno una idea del aspecto del lugar.

Aunque nuestra fiesta no era hasta el sábado por la noche habíamos decidido irnos el viernes después del trabajo para dormir allí y aprovechar para cambiar de aires, hacer una excursión por los alrededores, dónde nos habían comentado que había parajes preciosos, y comer en un restaurante muy recomendado en todas las guías de ocio situado en un pueblecito cercano. Un fin de semana de lujo el que nos esperaba.

El viernes gastamos el tiempo en inspeccionar la casa y acomodarnos en ella. Metimos las provisiones que habíamos comprado en la nevera y en la despensa, deshicimos nuestras bolsas, nos preparamos una cena ligerita que tomamos en el porche y vimos una peli en una pantalla de esas gigantes y con sonido envolvente que habían instalado en uno de los tres salones que tenía la casita. Casi ni esperamos a que terminase la película para acostarnos de lo cansados que estábamos.

La cama era grande y cómoda, aunque un poco blanda para mi gusto, que estoy acostumbrada a colchones más firmes. A pesar de eso, y de que me suele afectar muchísimo cualquier cambio en mi entorno a la hora de dormir, caí rendida casi nada más acostarme. Me desperté sobresaltada creyendo haber oído un ruido y tardé un momento en darme cuenta de dónde estaba. Las contraventanas no cerraban del todo y un rayo de luz de luna entraba en la habitación. Me dio un escalofrío y me arrimé a Marcos, que dormía profundamente. Estaba a punto de dormirme de nuevo cuando volví a oír algo, me asusté pensando que alguien había entrado en la casa a robar.

– Tengo miedo – dije en un susurro mientras agarraba su brazo y daba tironcitos para despertarle sin conseguirlo.

Me acurruqué más aún a él y me dispuse a escuchar atentamente cualquier ruido sospechoso al tiempo que pensaba lo estúpido que había sido ver una película de suspense precisamente aquella noche. Una nube cubrió la luna y la habitación se oscureció. Marcos se revolvió tras de mí como si soñase y pareció darse cuenta de que estaba pegada a él porque pasó un brazo alrededor de mi cintura atrayéndome contra su cuerpo. Mi espalda presiono contra su pecho, mis nalgas contra su vientre y mis piernas se enroscaron en las suyas. Su mano se deslizó bajo mi camiseta y encontró uno de mis pechos, el “mmmm” que salió de su garganta me excitó tanto o más que su mano explorando mi piel. Mis pezones mostraron su agradecimiento contrayéndose y endureciéndose, pasé un brazo hacia atrás para acercar su cabeza a mi cuello y entonces él, en un movimiento rápido, dejó mi teta y agarró mi mano empujándome y echándose sobre mí. En un instante me vi bocabajo, con las manos aprisionadas por las suyas e inmovilizada bajo su peso.

– Ahora ya no tienes que temer nada – me susurró al oído con una voz distorsionada por el sueño.

Me soltó para sentarse sobre mis glúteos, me quitó la camiseta, apartó el pelo de mi cuello y acarició mis brazos y mi espalda con delicadeza y atención, como si quisiese aprenderse mi cuerpo, como si no lo conociese ya de sobra. Cada caricia me provocaba un escalofrío y me excitaba de una forma exagerada. Mi pubis se aplastaba contra las sábanas y mi deseo me llevaba a intentar moverme aunque sólo fuese unos milímetros para sentir algún roce en aquella zona mía tan necesitada. No sé si notó mi desesperación y quiso complacerme o si se la contagié y quiso complacerse a si mismo; la cuestión es que sin más preámbulos, sin ningún aviso ni paso previo se bajó de su asiento, me abrió las piernas, echó la braga a un lado y me penetro. Sus manos se clavaban en mi espalda y su polla en mi alma porque eso era lo que me parecía, que me follaba hasta el alma. Sus embestidas rápidas y profundas y sus manos dosificando mi respiración con su implacable presión hicieron que me corriese gritando contra la almohada.

– Mañana más – oí que me decía aún con la polla dentro de mí pero ya sin moverse.

Y así me dormí. Bocabajo en la cama y con su peso sobre mí. Cuando desperté él estaba en la ducha, el sol se adivinaba a través de las rendijas de las contraventanas y yo me encontraba feliz.

Pasamos la mañana en plan turistas por el pueblo, paseando entre sus antiguas calles y curioseando en sus tiendecitas de artesanía. Comimos maravillosamente en el restaurante que habíamos reservado y volvimos a casa para descansar un poco y prepararnos para la noche.

Decidí quedarme en el porche leyendo un rato mientras Marcos se tiraba en el sofá a ver la tele. Después de llevar casi veinte minutos leyendo una y otra vez el mismo párrafo, no me enteraba de nada; por más empeño que ponía en concentrarme en el libro no podía dejar de pensar que en unas horas estaría practicando sexo con un montón de extraños. Se me ocurrió que no estaría de más que fuese pensando en lo que me pondría, porque la verdad es que había traído la bolsa llena de ropa interior sugerente con la idea de decidir en el último momento lo que me apetecía para la ocasión.

Subí a la habitación dispuesta a probarme tangas, sujetadores y medias hasta que me cansase. Estaba ya medio desnuda cuando vi algo escrito con carmín en el espejo del tocador. Para que no tengas miedo, mi amor leí y extendida en un pañuelo rojo había una cadena con un precioso y elaborado colgante de plata, en el centro del adorno había una piedra ensartada de tal forma que giraba cuando la rozabas. Mirándola fijamente daba la extraña y placentera sensación de que cambiaba de color por momentos, era difícil quitar los ojos de ella. Me encantó el regalo.

Desnuda, con antifaz, colgante y zapatos, nada más; algo me decía que ésa era la mejor forma de presentarme aquella noche. Y decidí probar cómo me sentiría con ese aspecto. Me puse el colgante, los zapatos y saqué el antifaz que me cegaba y que tenía preparado para la noche, todavía tenías mis dudas sobre si ponérmelo o no. Me lo puse para probar, no veía nada; intenté imaginar qué aspecto tendría; intenté imaginar gente a mi alrededor mirándome; intenté imaginar las escenas que se iban a dar esa noche y que yo iba vivir a través de mis cuatro sentidos restantes. Empecé a excitarme. Busqué la cama a tientas y me tumbe en ella mientras mis manos se deslizaban sobre mi cuerpo. Vinieron a mi mente las caricias de la noche anterior y pensé en cuánto había estimulado aquella aventura que íbamos a cumplir el deseo entre nosotros. Habíamos pasado una mala racha hacía unos meses y ahora todo aquello parecía olvidado. Mientras mis pensamientos divagaban por esos derroteros una de mis manos acariciaba mi colgante nuevo haciendo girar aquella piedrecita entre mis dedos.

Sentí un roce en mis piernas y me sobresalté. ¡Oh no!, me he quedado dormida. Mi primera intención fue quitarme el antifaz pero alguien me lo impidió agarrando mis manos para ayudarme a ponerme en pie. Me parecía que no era Marcos, aunque no estaba segura. ¿Qué hora será? ¿Habrán llegado ya los invitados? Intenté tranquilizarme y pensar con calma.

– Es preciosa – creí entender que decía en un susurro la persona que me agarraba las manos.
– Y nos está esperando – otra voz, ésta la situé detrás de mí.
– Es generoso compartiéndola – dijo una mujer.

Me pregunté cuántas personas habría en la habitación y dónde diablos andaba metido Marcos. No me atrevía a hablar, aunque la verdad es que tampoco sabía qué decir. Los nervios me comenzaron a invadir y decidí quitarme el antifaz para tener más control sobre la situación, pero justo cuando iba a hacerlo, me besó. Un beso de esos nuestros, de esos que hacía tanto tiempo que no nos dábamos, un beso cargado de ternura, erotismo, pasión y deseo, de esos que hacen desaparecer el tiempo y el espacio, de esos que acaban siempre con un suspiro. Fue entonces cuando bajó su mano desde mi nuca, que era dónde había permanecido durante nuestro beso, hasta la mitad de mi espalda, y allí la dejó.

Alguien me agarró por los tobillos y me abrió las piernas, unas manos comenzaron a recorrerlas de forma lenta y acariciante. De pie en esa postura me sentía expuesta y observada y la situación me excitó. Oía voces a mí alrededor, pero todo el mundo hablaba muy bajito y no entendía las conversaciones, me los imaginaba a todos hablándose al oído, en susurros.

A las caricias de esas manos se unió una boca a la que se le antojó besarme el ombligo, primero de forma tímida y luego ya más apasionadamente, introduciendo su lengua en el orificio y agarrándome de las caderas para imitar los movimientos del acto sexual. Pensar que aquella persona, creo que era una mujer, deseaba follarme el ombligo resultó muy motivador.

Pronto estuve rodeada de gente. Sentía manos por todos lados y al notar mi evidente excitación, esas manos y sus dueños perdieron el respeto y delicadeza que inicialmente demostraban y se atrevieron a invadirme y explorarme por completo. Escuchaba sus jadeos mientras distintas bocas se alternaban para besarme. El olfato se me agudizó y el aroma de sexo, saliva y sudor empezó a afectarme también. Mordiscos, lametones, besos, roces y caricias se colaban por cualquier rincón de mi cuerpo. El placer era inmenso; mi primer orgasmo no tardó en llegar y mis jadeos y convulsiones no hicieron más que animar a algunas de aquellas personas a correrse también.

Aquella mano que se diferenciaba del resto por ser mi punto de amarre, decidió entonces bajar hasta mi cintura. Me rodeó con sus brazos y el resto de las personas se apartaron de mí. Me cogió en brazos y me dijo al oído:

– Espero que te haya gustado, los he traído para ti. He leído en tu mente, he visto tus deseos. Yo haré que se cumplan todos. Te quiero. – y me resultó tan extraño que no reconocí ni su voz.

Me tumbó en la cama y me hizo el amor. No sabía dónde se había metido el resto de la gente, no me importaba, me daba igual que estuviesen mirando o que hubiesen desaparecido. Fue algo inolvidable.

Quedé tendida en la cama, paladeando aún aquella experiencia maravillosa y las sensaciones que aún no se habían apagado del todo en mi cuerpo y mucho menos en mi mente. No sabía dónde había ido Marcos. Al cabo de un rato me quité el antifaz y me encontré sola en la habitación, estaba todo patas arriba. Me sorprendió que no fuese noche cerrada, debía ser más pronto de lo que pensaba o mucho más tarde. Justo cuando me levantaba se abrió la puerta y entró Marcos.

– Me he quedado dormido.- y mirando a su alrededor sorprendido: – ¡Vaya desorden! ¿Qué has estado haciendo? ¿Te tienes que duchar todavía? Va a empezar a llegar la gente y nosotros sin preparar.
– ¿La gente? – no entendía qué quería decir.
– Nena, que son las nueve, espabila. – y echándome un segundo vistazo – Bonito colgante. ¿Es nuevo?

Me dio vértigo. Miré al espejo de la cómoda y sólo vi un borrón de carmín. Con una aprensión tremenda me quité a toda prisa la cadena del cuello y la tiré sobre la cama. Tenía miedo de haberme vuelto loca. Marcos se metió en el baño y yo me quedé allí de pie intentando aclararme.

– Marcos,¿me has hecho el amor hace un rato? – me decidí a preguntarle.
– ¿Has tenido un sueño erótico? – dijo asomando la cabeza.
– ¿Y lo de anoche también fue un sueño? – el corazón se me iba a salir por la boca.
– ¿Anoche también? Pues vaya, sí te sienta a ti bien la emoción de la espera, ¡haberme despertado! – dijo partiéndose de risa.

La gente llegó, la fiesta se convirtió en orgía; esta vez sin antifaz. No me atrevía casi ni a parpadear por si perdía contacto con la realidad, lo veía todo como a cámara lenta. Hice todo lo que me solicitaron, me dejé hacer de todo, vi a Marcos con otras, con otros; le vi mirándome mientras disfrutaban de mí. Los invitados perdieron todo pudor y se vivieron escenas tremendamente morbosas. Pero yo no sentí nada. Parece lógico después de lo que acababa de pasarme, sí. Lo inquietante es, que a raíz de ese día no he vuelto a sentir placer ni a disfrutar a no ser que lleve puesto el colgante.

Han pasado dos meses. Mi relación con Marcos se ha roto, él piensa que fue por la orgía, que me afectó demasiado. Se siente culpable por más que le digo que no es por él. Igual es mejor así, me resultaría imposible explicarle lo que me pasa; bueno, ni a él ni a nadie. ¿Cómo podría explicar que vivo obsesionada de esta forma? ¿Que estoy convencida de que mi amante perfecto es un ser irreal? ¿Cómo puede alguien comprender que se pueda amar a un fantasma? ¿Cómo?… Si no lo comprendo ni yo.

Enciclopedia libre

The Dream of the Fisherman's Wife por Hokusai es una representación artistica de una fantasia sexual.

The Dream of the Fisherman’s Wife por Hokusai es una representación artística de una fantasía sexual.

Las fantasías sexuales son representaciones mentales creadas por el inconsciente teniendo como tema principal las relaciones sexuales. Se producen de forma voluntaria o involuntaria en nuestra mente. Si bien las fantasías sexuales son poco comentadas con otras personas, o no mencionadas en lo absoluto, son bastante comunes. Éstas comienzan con la pubertad y suelen acompañar al ser humano durante toda su existencia. A pesar de la popular creencia de que el varón es el que tienen mayor actividad sexual y por consiguiente más fantasías sexuales, se ha probado que hombre y mujeres fantasean al mismo nivel, solo que en diferente forma.

Al encontrarse en nuestra imaginación, las fantasías sexuales pueden perder el efecto estimulante que tienen en caso de llevarse a la práctica, pues la idealización que permite nuestra mente evita detalles que en la práctica harían de una fantasía algo muy difícil de concretar o quizás hasta imposible de realizar.

El hecho de que una persona emplee una fantasía sexual no presume necesariamente que desee llevarla a la práctica. En gran número de ocasiones las fantasías se oponen a la naturaleza del ser humano, a las creencias y a la escala de valores de quien las evoca pero como lo único que compromete es la imaginación se las acepta.

Hay casos de personas que las han llevado a la práctica, pero ya en terrenos reales tales acciones han perdido mucho de la magia que poseían en la mente. Paradójicamente una fantasía puede convertirse en una mala experiencia si se hace realidad. En el mismo renglón se encuentra el compartirla o no con la pareja, pues al tornarla de los demás, pierde ese toque de exclusividad. La opción de hacer realidad o compartir las fantasías queda al libre albedrío. Lo más importante de todo esto destacar a la fantasía como afrodisíaco y el único antídoto efectivo para contrarrestar la realidad.

Otro punto que vale la pena aclarar es que es muy común confundir a la fantasía con el deseo sexual, ya que ambos conceptos se circunscriben meramente al marco mental sobre el mismo contexto, la sexualidad, sin embargo mientras la primera se refiere a la evocación de una “situación ficticia”, el deseo es el anticipo de una “situación real”. Aunque también puede darse el caso de que el deseo tenga su origen en una fantasía, es importante dejar claro que no son lo mismo; ya que esto ultimo puede ser indicio de la presencia de alguna “parafilia”.

La fantasía masculina

Clasificar las fantasías es un trabajo arduo, su número, tipo y calidad es tan grande como seres vivos puedan crearlas con total libertad y privacidad, muchas nunca se contarán. Las fantasías masculinas suelen centrase en el control de la situación y en la capacidad sexual. Las más frecuentes son las siguientes:

  • Tener relaciones sexuales con una pareja distinta a la propia.

  • Tener relaciones dentro de un grupo (orgía).

  • Tener relaciones sexuales con personas del mismo sexo.

  • Tener relaciones sexuales con parejas anteriores.

  • Hacer el amor en lugar distinto al acostumbrado.

  • Hacer el amor con su propia pareja de manera diferente a como se realiza habitualmente (oral, anal, o de otra manera donde la pareja sea más participativa).

La fantasía femenina

Aunque se concibe que forma parte de la conducta sexual del hombre, no es algo exclusivo del sexo masculino, muchas mujeres también tienen fantasías sexuales, en algunos casos coincidentes con argumentos imaginados por los hombres. Las fantasías femeninas se caracterizan por ser de mayor duración que las de los varones y se centran en relaciones sentimentales. Las más frecuentes son:

  • Imaginarse mantener relaciones sexuales con otro hombre distinto al habitual (su marido o su pareja).

  • Pensar que está siendo objeto de una violación, ya sea con un hombre o más de uno.

  • Figurarse que está poseyendo o siendo poseída por otra mujer.

  • Rememorar otras experiencias sexuales mantenidas en el pasado.

  • Mantener una relación en la que se incluyan escenas violentas como el sadismo o masoquismo, siendo ella la que domina a un hombre sumiso que la consiente y satisface o bien es la que debe obedecer y satisfacer los deseos de otra persona dominante.

Cultura

Debido a los preceptos sociales, las fantasías sexuales que involucran la infidelidad son mal vistos, incluyendo muchas veces a la misma persona que los padece, existiendo un sentimiento de culpa y arrepentimiento. Según estudios realizados la existencia de fantasías sexuales no es un factor determinante a la hora de ser infiel a la pareja, pero las personas que son infieles tienden a tener más fantasías sexuales que el promedio.

La idea de tener relaciones con personas conocidas ha sido trasladada a la televisión y a los dibujos animados siendo el Hentai una forma de representar fantasías sexuales. Éste género de manga muestra a los personas de series conocidas como Sailor Moon o Pokemon con papeles sexuales no mostrados en las series originales y se convierte en una forma de fantasía sexual.[3]

Salud

Es recomendado por los especialistas en sexología que las parejas casadas lleven sus fantasías sexuales a la realidad en forma de juegos sexuales, esto con el fin de reavivar la vida sexual de la pareja.

Las fantasías sexuales son consideradas patológicas cuando empiezan a realizarse y esto comienza a afectar la vida del inviduo o cuando se constituyen la única forma de llegar al orgasmo. En estos casos se cae en el campo de las parafilias, en el cual objetivo sexual esta precedido por fantasías y deseos sexuales compulsivos que deben llevarse a cabo y la copulación de los miembros de la pareja no es el fin del acto sexual sino realizar la situación generada por la obsesion del individuo.

El tener pocas fantasías sexuales o caracer de ellas puede ser indicador de una patología conocida como deseo sexual hipoactivo o DSH[5] o también de un cuadro de estrés y baja autoestima que esté afectando a la persona.

Referencias

  1. Él o Ella: Fantasías sexuales Por Aloyma Ravelo, Licenciada en Periodismo Diplomada en Género Salud Sexual y Reproductiva, Universidad Academia, Stgo. de Chile, 2001.

  2. * Fantasías sexuales extramatrimoniales Agencia de noticias DERF.

  3. Fantasías sexuales en las historietas Revista Cambio.com.

  4. Hablemos de sexo Columna de Dra. en Ciencias Psicológicas Beatriz Torres, Máster en Sexualidad. en Trabajadores.cubaweb.cu.

  5. Disfunciones Sexuales – Deseo sexual hipoactivo Artículo en Monografías.com.

  6. Fantasías sexuales de los españoles Reportaje en el diario El Mundo.