Autor: Anónimo  
   
   
   
Contenido: Un ruido llamó su atención, miró hacía abajo y pudo observar como se abría la ventana de enfrente, un piso más abajo. Era él, aquel muchacho que llevaba dos meses viviendo en el edificio, estaba en el baño y se disponía a afeitarse. Tenía el torso desnudo y una toalla enrollada en la cintura, ella no pudo evitar mirarle y se escondió tras la cortina de la ventana como si estuviera haciendo una travesura. Podía verle muy bien desde allí, era un chico muy atractivo, tenía la piel bronceada y los músculos de los brazos marcados, aunque no demasiado. No tenía prácticamente vello en el pecho y se podía adivinar que hacía deporte por su aspecto tan fibroso, llevaba el pelo un poco largo y ondulado.Ella se sorprendió de la excitación que le provocaba ver a ese hombre, deslizó sus manos sobre su bata de seda, acariciándose y dejando que se resbalasen sobre la suave tela, esa sensación le gustaba y disfrutó de ella sin apartar la mirada de la ventana. Sin querer sus manos tiraron del lazo que sujetaba la bata y sus dedos se dirigieron lentamente a su entrepierna, tenía ganas de tocarse, tenía ganas de sentir…

Levantó suavemente la tela de sus braguitas, él estaba terminando de afeitarse y estaba agachado ante el lavabo, lavándose la cara. Se incorporó y de repente sus ojos se clavaron en la imagen de una mujer que le observaba desde el piso de arriba, ella se sobresaltó y se escondió rápidamente tras la cortina, el corazón le latía fuertemente mientras se abrochaba la bata. No podía creer lo que había estado a punto de hacer, ¿le habría visto aquel muchacho?… Tímidamente volvió a mirar a través de la cortina, él seguía allí, se quitó la toalla que le cubría quedando completamente desnudo. Mientras entraba en la ducha volvió a mirar hacía la ventana de arriba y adivinó una silueta agazapada que seguía observándole.

Ella se vistió y decidió salir de casa para ir al supermercado, en el camino iba pensando en lo que le acababa de pasar. Era una mujer madura, tenía cuarenta y siete años, casada y con hijos, aquel muchacho podía ser hijo suyo, tendría unos veinticinco años como mucho. Era feliz en su matrimonio, aunque su vida sexual dejaba mucho que desear, hacía el amor con su marido de manera rutinaria y mecánica, casi no sentía placer. Muchas veces se había imaginado a sí misma como la protagonista de una película porno, probando todas esas cosas que había visto, siendo penetrada por todos lados y por muchos hombres, pero enseguida se arrepentía de esos pensamientos al imaginar lo que pensaría de ella su marido e incluso sus amistades, su círculo social era muy conservador y muy religioso, se sentía como una niña pequeña a la que le decían que eso era pecado. Pero ella intuía que el sexo tenía que ser algo más que lo que su torpe marido le ofrecía en la cama.

Inmersa en sus ensoñaciones volvió a casa cargada de bolsas, el portero le abrió la puerta y la saludó como muchos otros días. Subió en el ascensor hasta el tercer piso y buscó la llave en el bolso, abrió la puerta de su casa y cogió una de las bolsas que había dejado en el suelo, con el pie empujó la puerta para cerrarla pero no se oyó el ruido del portazo habitual. Ella se giró a la vez que una mano le tapaba la boca y el filo de una navaja presionaba contra su cuello, las bolsas cayeron al suelo y pudo ver como una manzana rodaba por el suelo hasta chocar contra una pared.

- No se te ocurra gritar- le susurró una voz al oído.

En el espejo del recibidor pudo ver el reflejo de su atacante, era un hombre alto, llevaba la cara tapada con un pasamontañas negro y las manos enguantadas. Podía notar el tacto del cuero contra sus labios y la fuerza de los brazos que la apretaban contra el pecho de aquel hombre, sin duda era una persona fuerte y joven.

Él empujó la puerta y se cerró de un golpe, después la llevó a la fuerza por el pasillo hasta su habitación y la hizo tumbarse en la cama. Comenzó a llorar, estaba muy asustada y todo su cuerpo temblaba. Él se le acercó sin soltar la navaja y besó sus lágrimas.
- No tienes nada que temer. Estoy aquí para hacer realidad tus sueños.

Y deslizó sus besos hasta su boca, ella se resistió pero ante la fuerza de su lengua y al temor de ser herida por el filo del arma, acabó abriendo sus labios para dejar que la besara. La sensación de esa boca desconocida la desorientó y no se dio cuenta de que mientras recibía ese beso, él la había esposado a los barrotes de la cama. Quiso gritar al verse tan indefensa pero esa lengua ocupaba todavía su boca y no le dejaba hacerlo, así que apretó sus dientes con fuerza y el extraño se retiró rápidamente hacía atrás.
Antes de que pudiera gritar la mano de cuero le tapó la boca mientras le susurraba:

- Confía en mí, por favor.

Los ojos de aquel hombre se clavaron en los suyos y parecían decirle la verdad, parecía que ese hombre no iba a hacerle nada malo. Él le tapó la boca con un pañuelo que sacó de un cajón de la cómoda y se sentó a su lado, observándola. Estuvo así varios minutos, hasta que sus manos comenzaron a acariciarla, suavemente, muy despacio. Ella se puso tensa y no quitaba la miraba de esos ojos que se dejaban ver entre los agujeros del pasamontañas, poco a poco fue relajándose y empezó a sentir lo agradable que eran esas caricias. Esas manos desabrocharon su blusa lentamente y se apoderaron de sus senos, la sensación de los guantes de cuero contra su piel le excitó y cerró los ojos, lo que aquel hombre le hacía le estaba gustando y eso no estaba bien, era un extraño que había irrumpido en su casa y pretendía violarla.

El filo de la navaja rasgó la tela del sujetador y sus pechos quedaron expuestos, con los pezones bien duros. Él acercó sus labios y comenzó a chuparlos, deslizando su lengua con avidez, ella sabía que no iba a poder contenerse a eso y notaba como sus braguitas se humedecían poco a poco. En su interior luchaba por no sentir placer pero esa lengua la volvía loca y no podía resistirse. Sintió unos suaves mordiscos en los pezones mientras unas manos se sumergían bajo su falda buscando su cálida entrepierna. Podía notar la erección de aquel hombre frotándose contra ella, parecía que el pantalón le iba a reventar cuando se desabrochó la cremallera y liberó una enorme verga sonrosada que apuntaba hacía arriba. En su escasa experiencia sexual jamás había visto algo parecido.

Enfrente de la cama había una mesa pequeña, como de un metro de altura, cubierta por una tela de terciopelo y llena de fotografías. Él se dirigió hasta la mesa y de un manotazo tiró todo al suelo, luego se acercó hasta ella y la liberó de sus esposas haciéndola levantar de la cama. Esto la asustó, no sabía lo que se proponía aquel individuo, pero por una extraña razón, no forcejeo demasiado, se dejó llevar hasta la mesa y él la tumbó encima con el pecho apoyado sobre la tela. En un rápido movimiento esposó sus manos a las patas y usó dos pañuelos para sujetar sus tobillos a las otras dos patas. No podía moverse en absoluto, él se le acercó por detrás y le subió la falda hasta la cintura, llevaba unas medias de encaje negro con un liguero y unas braguitas a juego, notó como le rasgaban las bragas con la navaja y su sexo quedaba totalmente expuesto para aquel desconocido.

Los dedos enguantados recorrieron su cálida abertura recogiendo los flujos que comenzaban a salir, esto hizo sonreir al hombre, sabía que ella iba a disfrutar de aquel encuentro. Deslizó la fría navaja por el ardiente sexo , esto la hizo estremecerse. De repente notó una lengua recorriéndola, buscando su vagina, su clítoris… Dios mío, hacía mucho que no sentía tanto placer, alguna vez su marido se había entretenido en hacerla disfrutar, pero ya no se acordaba de eso. Notaba como la lengua se agitaba dentro de su ser y las piernas le temblaban por las oleadas de placer que acudían a su cuerpo. Mientras los dedos de aquel hombre acariciaban su clítoris y conseguían que un orgasmo la invadiera. Abrió los ojos y pudo ver en el suelo una fotografía de su boda con el cristal hecho añicos, aquel extraño le había proporcionado el placer más intenso que había experimentado en su vida. Y ahora quería más y él estaba dispuesto a darselo, se acercó hasta su boca con su pene erecto entre las manos, retiró el pañuelo que la tapaba y la obligó a chuparlo sujetándole el cabello con las manos. Pensó que tendría que forcejear con ella para que se la comiera, pero para su sorpresa ella aceptó ese miembro en su boca y comenzó a mamarlo sin miramientos. Él se derretía de placer, al fin la tenía allí, toda para él, como había soñado muchas veces, chupaba su pene con muchas ganas y se sometía a él como en sus fantasias. Ya no pudo más y se volvió a colocar detrás de ella penetrándola de un golpe, se agarró a sus caderas y comenzó un ritmo frenético entre los gemidos de ambos. Él sabia que debía controlar la situación o se correría pronto, así que ralentizó sus movimientos y con su guante buscó los fluidos que rezumaban de ella, se impregnó bien de ellos y se dirigió a su ano, para comenzar a dilatarlo.

Ella enseguida se dio cuenta de lo que pretendía, nunca había practicado sexo anal y le entró miedo pero decidió relajarse y sentirse como la protagonista de esa película porno que tantas veces había imaginado. Un dedo se introdujo en su ano moviéndose en círculos mientras él seguía follándola sin descanso, la sensación fue un poco dolorosa al principio pero le fue gustando poco a poco y la enloqueció cuando sintió dos dedos en su interior agitándose y dilatando su agujero. Cuando estuvo lista él sacó su miembro de la vagina y lo acercó despacio hasta su ano, penetrándola con cuidado, pero con decisión y hasta el fondo. Un grito de dolor se escapó de sus labios, pero pronto se convirtieron en gritos de placer. Él ya no pudo contenerse más y desató toda su fuerza penetrándola sin cesar , aumentando el ritmo de sus embestidas hasta sentir como un orgasmo le invadía y se corría en su interior mientras le flaqueaban las piernas.
Muy despacio desató sus piernas y después se arrodilló ante ella y se acercó para besarla en los labios mientras soltaba sus manos de las patas de la mesa. Ella le correspondió a aquel beso y él le sonrió, pero enseguida salió corriendo de la habitación y se alejó por el pasillo para salir de la casa dando un portazo.

Ella se quedó tirada en el suelo, pensando en todo lo que acababa de pasar y en todas las sensaciones nuevas que había experimentado. Había descubierto por fin lo que es el placer y lo que es sentir un buen orgasmo, a sus cuarenta y siete años el sexo le ofrecía muchas cosas que jamás había imaginado. Se levantó del suelo y comenzó a recoger la casa para no dejar ninguna huella de lo que había sucedido, al poco tiempo llegó su marido y la encontró en la cocina.
- Hola cariño, ¿Qué tal todo?- dijo mientras le daba un beso distraído.
- Bien, todo bien.

Se acercó a la cortina y pudo ver como se abría la ventana del baño del vecino, allí estaba él y sobre el lavabo tenía un par de guantes de cuero.

 
Autor: Erótika
Resumen: No había querido saber nada, ni cuántos eran, ni su sexo, ni su edad, ni tan siquiera me importaba conocer su físico.Una mano abierta apoyada en mi espalda, y mi concentración centrada en ella, a pesar del resto de las caricias, a pesar de las lenguas que recorrían mi cuerpo, de los besos que invadían mi boca, de los roces de los cuerpos desnudos contra mi piel; a pesar de tantos estímulos sentía que esa mano me poseía simplemente por el hecho de estar en contacto conmigo. Su firmeza me infundía tranquilidad y confianza para afrontar el placer que me estaba llegando desde una docena de lugares distintos.
   
   
Contenido: No había querido saber nada, ni cuántos eran, ni su sexo, ni su edad, ni tan siquiera me importaba conocer su físico. Cuando él me expuso su fantasía de organizar una orgía en la que yo fuese ofrecida a quien quisiese poseerme, me excité tanto que empecé a masturbarme mientras le escuchaba. Aunque se había corrido hacía pocos minutos, el tema de conversación y mi reacción ante su idea le pusieron a tono rápidamente. Pidiéndome que no dejase de tocarme me penetró el culo con delicadeza para acabar follándomelo con todas sus fuerzas.Tardó más de lo que había pensado en preparar aquella fiesta y pasé las semanas de espera en un estado de nerviosismo y excitación constante, pero aún así seguía sin querer conocer ningún detalle.Cuando todo estuvo preparado y la fecha fijada, me preguntó si estaba decidida a hacerlo; intentaba asegurarse de que aquello no influiría en nuestros sentimientos ni afectaría a nuestra relación. Le tranquilicé, yo le quería, lo pasaríamos bien juntos de una forma distinta y no habría problemas por ello. Me sentía muy valiente, muy decidida.Pero según se acercaba el día señalado mi seguridad se tambaleaba y aquella misma mañana lo hubiese anulado todo de no ser por la terrible decepción que le hubiese causado. Así que, en vez de confesarle mis dudas, le pedí que estuviese siempre conmigo, pendiente de mí. Como respuesta me dio un beso rápido, me sonrió y dijo ¡Vamos a pasarlo genial, ya verás!.

Había alquilado para ese fin de semana un caserón alejado de la civilización pero acondicionado con todas las comodidades. Cuando llegamos y lo vi me quedé impresionada. Era muy antiguo, parecía un museo por los tapices y adornos que decoraban las distintas habitaciones. Una historia truculenta de las distintas generaciones que habían habitado allí estaba impresa en un montón de folletos a modo de propaganda en el mueble del recibidor, como reclamo publicitario insinuaba la posibilidad de que las almas de aquellas gentes vagasen aún por la casa, con eso ya se puede hacer uno una idea del aspecto del lugar.

Aunque nuestra fiesta no era hasta el sábado por la noche habíamos decidido irnos el viernes después del trabajo para dormir allí y aprovechar para cambiar de aires, hacer una excursión por los alrededores, dónde nos habían comentado que había parajes preciosos, y comer en un restaurante muy recomendado en todas las guías de ocio situado en un pueblecito cercano. Un fin de semana de lujo el que nos esperaba.

El viernes gastamos el tiempo en inspeccionar la casa y acomodarnos en ella. Metimos las provisiones que habíamos comprado en la nevera y en la despensa, deshicimos nuestras bolsas, nos preparamos una cena ligerita que tomamos en el porche y vimos una peli en una pantalla de esas gigantes y con sonido envolvente que habían instalado en uno de los tres salones que tenía la casita. Casi ni esperamos a que terminase la película para acostarnos de lo cansados que estábamos.

La cama era grande y cómoda, aunque un poco blanda para mi gusto, que estoy acostumbrada a colchones más firmes. A pesar de eso, y de que me suele afectar muchísimo cualquier cambio en mi entorno a la hora de dormir, caí rendida casi nada más acostarme. Me desperté sobresaltada creyendo haber oído un ruido y tardé un momento en darme cuenta de dónde estaba. Las contraventanas no cerraban del todo y un rayo de luz de luna entraba en la habitación. Me dio un escalofrío y me arrimé a Marcos, que dormía profundamente. Estaba a punto de dormirme de nuevo cuando volví a oír algo, me asusté pensando que alguien había entrado en la casa a robar.

- Tengo miedo – dije en un susurro mientras agarraba su brazo y daba tironcitos para despertarle sin conseguirlo.

Me acurruqué más aún a él y me dispuse a escuchar atentamente cualquier ruido sospechoso al tiempo que pensaba lo estúpido que había sido ver una película de suspense precisamente aquella noche. Una nube cubrió la luna y la habitación se oscureció. Marcos se revolvió tras de mí como si soñase y pareció darse cuenta de que estaba pegada a él porque pasó un brazo alrededor de mi cintura atrayéndome contra su cuerpo. Mi espalda presiono contra su pecho, mis nalgas contra su vientre y mis piernas se enroscaron en las suyas. Su mano se deslizó bajo mi camiseta y encontró uno de mis pechos, el “mmmm” que salió de su garganta me excitó tanto o más que su mano explorando mi piel. Mis pezones mostraron su agradecimiento contrayéndose y endureciéndose, pasé un brazo hacia atrás para acercar su cabeza a mi cuello y entonces él, en un movimiento rápido, dejó mi teta y agarró mi mano empujándome y echándose sobre mí. En un instante me vi bocabajo, con las manos aprisionadas por las suyas e inmovilizada bajo su peso.

- Ahora ya no tienes que temer nada – me susurró al oído con una voz distorsionada por el sueño.

Me soltó para sentarse sobre mis glúteos, me quitó la camiseta, apartó el pelo de mi cuello y acarició mis brazos y mi espalda con delicadeza y atención, como si quisiese aprenderse mi cuerpo, como si no lo conociese ya de sobra. Cada caricia me provocaba un escalofrío y me excitaba de una forma exagerada. Mi pubis se aplastaba contra las sábanas y mi deseo me llevaba a intentar moverme aunque sólo fuese unos milímetros para sentir algún roce en aquella zona mía tan necesitada. No sé si notó mi desesperación y quiso complacerme o si se la contagié y quiso complacerse a si mismo; la cuestión es que sin más preámbulos, sin ningún aviso ni paso previo se bajó de su asiento, me abrió las piernas, echó la braga a un lado y me penetro. Sus manos se clavaban en mi espalda y su polla en mi alma porque eso era lo que me parecía, que me follaba hasta el alma. Sus embestidas rápidas y profundas y sus manos dosificando mi respiración con su implacable presión hicieron que me corriese gritando contra la almohada.

- Mañana más – oí que me decía aún con la polla dentro de mí pero ya sin moverse.

Y así me dormí. Bocabajo en la cama y con su peso sobre mí. Cuando desperté él estaba en la ducha, el sol se adivinaba a través de las rendijas de las contraventanas y yo me encontraba feliz.

Pasamos la mañana en plan turistas por el pueblo, paseando entre sus antiguas calles y curioseando en sus tiendecitas de artesanía. Comimos maravillosamente en el restaurante que habíamos reservado y volvimos a casa para descansar un poco y prepararnos para la noche.

Decidí quedarme en el porche leyendo un rato mientras Marcos se tiraba en el sofá a ver la tele. Después de llevar casi veinte minutos leyendo una y otra vez el mismo párrafo, no me enteraba de nada; por más empeño que ponía en concentrarme en el libro no podía dejar de pensar que en unas horas estaría practicando sexo con un montón de extraños. Se me ocurrió que no estaría de más que fuese pensando en lo que me pondría, porque la verdad es que había traído la bolsa llena de ropa interior sugerente con la idea de decidir en el último momento lo que me apetecía para la ocasión.

Subí a la habitación dispuesta a probarme tangas, sujetadores y medias hasta que me cansase. Estaba ya medio desnuda cuando vi algo escrito con carmín en el espejo del tocador. Para que no tengas miedo, mi amor leí y extendida en un pañuelo rojo había una cadena con un precioso y elaborado colgante de plata, en el centro del adorno había una piedra ensartada de tal forma que giraba cuando la rozabas. Mirándola fijamente daba la extraña y placentera sensación de que cambiaba de color por momentos, era difícil quitar los ojos de ella. Me encantó el regalo.

Desnuda, con antifaz, colgante y zapatos, nada más; algo me decía que ésa era la mejor forma de presentarme aquella noche. Y decidí probar cómo me sentiría con ese aspecto. Me puse el colgante, los zapatos y saqué el antifaz que me cegaba y que tenía preparado para la noche, todavía tenías mis dudas sobre si ponérmelo o no. Me lo puse para probar, no veía nada; intenté imaginar qué aspecto tendría; intenté imaginar gente a mi alrededor mirándome; intenté imaginar las escenas que se iban a dar esa noche y que yo iba vivir a través de mis cuatro sentidos restantes. Empecé a excitarme. Busqué la cama a tientas y me tumbe en ella mientras mis manos se deslizaban sobre mi cuerpo. Vinieron a mi mente las caricias de la noche anterior y pensé en cuánto había estimulado aquella aventura que íbamos a cumplir el deseo entre nosotros. Habíamos pasado una mala racha hacía unos meses y ahora todo aquello parecía olvidado. Mientras mis pensamientos divagaban por esos derroteros una de mis manos acariciaba mi colgante nuevo haciendo girar aquella piedrecita entre mis dedos.

Sentí un roce en mis piernas y me sobresalté. ¡Oh no!, me he quedado dormida. Mi primera intención fue quitarme el antifaz pero alguien me lo impidió agarrando mis manos para ayudarme a ponerme en pie. Me parecía que no era Marcos, aunque no estaba segura. ¿Qué hora será? ¿Habrán llegado ya los invitados? Intenté tranquilizarme y pensar con calma.

- Es preciosa – creí entender que decía en un susurro la persona que me agarraba las manos.
- Y nos está esperando – otra voz, ésta la situé detrás de mí.
- Es generoso compartiéndola – dijo una mujer.

Me pregunté cuántas personas habría en la habitación y dónde diablos andaba metido Marcos. No me atrevía a hablar, aunque la verdad es que tampoco sabía qué decir. Los nervios me comenzaron a invadir y decidí quitarme el antifaz para tener más control sobre la situación, pero justo cuando iba a hacerlo, me besó. Un beso de esos nuestros, de esos que hacía tanto tiempo que no nos dábamos, un beso cargado de ternura, erotismo, pasión y deseo, de esos que hacen desaparecer el tiempo y el espacio, de esos que acaban siempre con un suspiro. Fue entonces cuando bajó su mano desde mi nuca, que era dónde había permanecido durante nuestro beso, hasta la mitad de mi espalda, y allí la dejó.

Alguien me agarró por los tobillos y me abrió las piernas, unas manos comenzaron a recorrerlas de forma lenta y acariciante. De pie en esa postura me sentía expuesta y observada y la situación me excitó. Oía voces a mí alrededor, pero todo el mundo hablaba muy bajito y no entendía las conversaciones, me los imaginaba a todos hablándose al oído, en susurros.

A las caricias de esas manos se unió una boca a la que se le antojó besarme el ombligo, primero de forma tímida y luego ya más apasionadamente, introduciendo su lengua en el orificio y agarrándome de las caderas para imitar los movimientos del acto sexual. Pensar que aquella persona, creo que era una mujer, deseaba follarme el ombligo resultó muy motivador.

Pronto estuve rodeada de gente. Sentía manos por todos lados y al notar mi evidente excitación, esas manos y sus dueños perdieron el respeto y delicadeza que inicialmente demostraban y se atrevieron a invadirme y explorarme por completo. Escuchaba sus jadeos mientras distintas bocas se alternaban para besarme. El olfato se me agudizó y el aroma de sexo, saliva y sudor empezó a afectarme también. Mordiscos, lametones, besos, roces y caricias se colaban por cualquier rincón de mi cuerpo. El placer era inmenso; mi primer orgasmo no tardó en llegar y mis jadeos y convulsiones no hicieron más que animar a algunas de aquellas personas a correrse también.

Aquella mano que se diferenciaba del resto por ser mi punto de amarre, decidió entonces bajar hasta mi cintura. Me rodeó con sus brazos y el resto de las personas se apartaron de mí. Me cogió en brazos y me dijo al oído:

- Espero que te haya gustado, los he traído para ti. He leído en tu mente, he visto tus deseos. Yo haré que se cumplan todos. Te quiero. – y me resultó tan extraño que no reconocí ni su voz.

Me tumbó en la cama y me hizo el amor. No sabía dónde se había metido el resto de la gente, no me importaba, me daba igual que estuviesen mirando o que hubiesen desaparecido. Fue algo inolvidable.

Quedé tendida en la cama, paladeando aún aquella experiencia maravillosa y las sensaciones que aún no se habían apagado del todo en mi cuerpo y mucho menos en mi mente. No sabía dónde había ido Marcos. Al cabo de un rato me quité el antifaz y me encontré sola en la habitación, estaba todo patas arriba. Me sorprendió que no fuese noche cerrada, debía ser más pronto de lo que pensaba o mucho más tarde. Justo cuando me levantaba se abrió la puerta y entró Marcos.

- Me he quedado dormido.- y mirando a su alrededor sorprendido: – ¡Vaya desorden! ¿Qué has estado haciendo? ¿Te tienes que duchar todavía? Va a empezar a llegar la gente y nosotros sin preparar.
- ¿La gente? – no entendía qué quería decir.
- Nena, que son las nueve, espabila. – y echándome un segundo vistazo – Bonito colgante. ¿Es nuevo?

Me dio vértigo. Miré al espejo de la cómoda y sólo vi un borrón de carmín. Con una aprensión tremenda me quité a toda prisa la cadena del cuello y la tiré sobre la cama. Tenía miedo de haberme vuelto loca. Marcos se metió en el baño y yo me quedé allí de pie intentando aclararme.

- Marcos,¿me has hecho el amor hace un rato? – me decidí a preguntarle.
- ¿Has tenido un sueño erótico? – dijo asomando la cabeza.
- ¿Y lo de anoche también fue un sueño? – el corazón se me iba a salir por la boca.
- ¿Anoche también? Pues vaya, sí te sienta a ti bien la emoción de la espera, ¡haberme despertado! – dijo partiéndose de risa.

La gente llegó, la fiesta se convirtió en orgía; esta vez sin antifaz. No me atrevía casi ni a parpadear por si perdía contacto con la realidad, lo veía todo como a cámara lenta. Hice todo lo que me solicitaron, me dejé hacer de todo, vi a Marcos con otras, con otros; le vi mirándome mientras disfrutaban de mí. Los invitados perdieron todo pudor y se vivieron escenas tremendamente morbosas. Pero yo no sentí nada. Parece lógico después de lo que acababa de pasarme, sí. Lo inquietante es, que a raíz de ese día no he vuelto a sentir placer ni a disfrutar a no ser que lleve puesto el colgante.

Han pasado dos meses. Mi relación con Marcos se ha roto, él piensa que fue por la orgía, que me afectó demasiado. Se siente culpable por más que le digo que no es por él. Igual es mejor así, me resultaría imposible explicarle lo que me pasa; bueno, ni a él ni a nadie. ¿Cómo podría explicar que vivo obsesionada de esta forma? ¿Que estoy convencida de que mi amante perfecto es un ser irreal? ¿Cómo puede alguien comprender que se pueda amar a un fantasma? ¿Cómo?… Si no lo comprendo ni yo.

Autor: Luis
  Resumen: Una sesión de gimnasia se trasforma en una buena sesión de sexo.
   
   
  Contenido: Yo no me considero homosexual, de hecho tenia novia desde hacia 3 años cuando sucedió este hecho. Ya desde la adolescencia me había atraído un amigo mío y más concretamente su polla. Aprovechaba cualquier oportunidad para intentar vérsela y a mí también me gustaba exhibirme para que él me la viera. Yo estoy operado de fimosis, por lo que siempre la tengo descapullada. Esto a veces nos llevo atener conversaciones sobre nuestras pollas, lo que a mí excitaba muchísimo. Pero él tenía un miembro excepcional. Un día hablando de tamaños, me dijo que le media 19 centímetros. Yo le conteste que la mía 14, que no esta mal. Pero él me dijo que para tenerla descapullada era poco, pero bueno. Cuando el cumplió 18 años tenia novia, yo tampoco tarde en empezar con una chica, y así nos fuimos distanciando un poco. Quedábamos de vez en cuando pero no era lo mismo. Cuando yo tenía 22 años, me encontré un día de fiesta con Javi, que asi se llamaba. Estuvimos hablando de que tal nos iba la vida y esas cosas. Él lo había dejado con su novia después de 4 años. Después de un rato decidimos quedar un día para jugar un frontón. El miércoles llegamos al frontón, nos metimos en nuestro vestuario. El hecho de volver a ver como se cambiaba me produjo una gran excitación y me trajo a la cabeza viejos recuerdos. Y cuando se quito el slip para ponerse un pantalón de neopreno de esos adelgazantes volví a contemplar ese precioso miembro que seguía igual que como lo recordaba. Teníamos cogida la pista para una hora. Pero él a los 35 minutos le dio un tirón en el cuadriceps, o eso pensaba yo en esos momentos. Fuimos a nuestro vestuario. Una vez allí yo me empecé a desnudar para ir a la ducha. Como hacia años, yo primero me desnudaba completamente y luego sin prisa buscaba la toalla y el champú y así podía lucirme un poco. Él también se había desnudado y se empezó a frotar un poco la pierna por donde presumiblemente le dolía. Yo me estaba empezando a calentar por lo que me metí en la ducha y la di que saliera un poco fría para calmarme un poco. Salí y empecé a secarme fuera, poco a poco acariciándome, perdón secándome casi enfrente de el. Creo que por una vez le estaba empezando a excitar yo a el. La ducha no tenía cortina ni nada, y al verle como se enjabonaba y frotaba su cuerpo me hizo empalmar. Por lo que enrolle la toalla. Cuando salió de la ducha se seco y yo mientras le observaba como se secaba su cuerpo y su enorme polla. Sin vestirse, puso la toalla sobre el banco y me pidió que le diera un pequeño masaje en la zona dañada con una crema que traía para los tirones. Era una crema muy grasienta que resbalaba bien por la piel. Yo cogí y empecé a frotarle su pierna. Enseguida me volví a empalmar al verle tumbado boca abajo completamente desnudo y con ese culo que tantas veces había querido tocar. Así que no lo pude evitar y comencé a subir con la mano y a frotarle también el glúteo. De vez en cuando se me escapaba un poco la mano y algún dedo rozaba y se metía por la línea del culo. Hasta que en una de esas veces, le debí producir algo placer ya que dio un pequeño gemido. Así yo me quite la toalla y la tire al suelo de forma que él pudiera verla caer, y así saber que yo me había desnudado. Mientras le frotaba con una mano con la otra me estaba, masturbando. A estas alturas ya me da igual lo que pensara de mí. Era una oportunidad única y no lo podía dejar pasar. La excitación provoco que no tardara ni un minuto en correrme cayendo todo mi semen sobre su cuerpo. El se había dado cuenta. Y se levanto y vi como él estaba completamente empalmado. – ¿Qué has hecho pájaro? – Correrme sobre tu cuerpo. Y ahora ven que tu te vas a correr en mi boca Así el se acerco y comencé a tragarme esos 19 cm. En mi boca. Había deseado hacer esto durante mucho tiempo. Me la metía, la volvía sacar y se la lamía entera como un caramelo, me metía sus huevos, chupaba y lamía su puntita, los líquidos que iba emanando, la lamía una y otra vez y le comía sus huevos, subía hasta su ombligo lamiendo todos los pelos que había a su alrededor. El no paraba de gemir. Se la seguí chupando y a la vez empecé a jugar con los dedos por su culo. Introduciendo uno poco a poco a la vez que le lamía su precioso capullo. No tardo en correrse dentro de mi boca a la vez que yo ya le metía dos dedos por el culo, me trague todo su semen y lamí también lo que le quedaba por la polla, me levante y le bese pasándole así algo de su semen a su boca lo que le gusto. Yo estaba como una moto y él tenia ya el culo un poco abierto por lo que le dije que se pusiera en cuatro patas. Me agarre la polla y la fui a cercando a su preciosa cueva. Le iba penetrando poco a poco pero parecía que le dolía mucho, así que me la saque me escupí bien la mano y me frote con esa mano la polla lo que la hacia que penetrara mejor. Ahora casi no hubo problemas y pronto el dolor inicial se le transformo en un gran placer. A la vez que yo le penetraba el se estaba, masturbando. Estaba disfrutando mucho, era un polvo maravilloso. El se corrió antes que yo, mientras se corría el apretó el culo lo me hizo disfrutar más y correrme en su interior enseguida expulsando todo mi esperma en su interior. Después estábamos exhaustos y nos tumbamos en el suelo hablando sobre lo que había pasado, hasta que decidió que lo mejor era ir a su casa porque se encontraba solo y teníamos toda la tarde para los dos. Me agarro y me dio un beso en la boca. Ya en su casa estaba deseando ser penetrado por su preciosa y grandiosa polla. Su beso fue bajando. Empezó a comerme y lamerme una oreja lo que me estaba poniendo como una moto. Mientras él lamía mi oreja yo le iba desatando el pantalón para empezar a sacar su polla, enseguida comencé a masturbarle. Pero pronto me corto porque él empezó a bajar y a desabrocharme la camisa para seguir lamiendo mi pecho. Se detuvo en mis pezones lamiéndoles como si a una mujer se lo estuviera haciendo. Mientras llegaba a mi ombligo empezó a desatarme el pantalón y a bajarme el calzoncillo. Mí polla salió grande y gorda y él ya se la dirigía hacia su boca. Pero antes de empezar a chupármela, se dedico a lamerla y meterse mis huevos en la boca. Las pequeñas gotas de líquido preseminal que salía las cogió con un dedo e hizo que empezara a lamerlo. Me estaba chupando mis propios fluidos. Pero pronto se bajo otra vez y ahora ya si empezó a chupármela, primero empezó suavemente, pero al oír mis primeros gemidos acelero los movimientos a la vez que con su mano empezaba a pasarla cerca de mi culo, y a introducir un dedo. Al introducir ese dedo, me hizo sentir en el cielo y le hice saber que pronto me iba a venir. Al decirle esto me cogió por el culo y me apretó hacia él. Así me vine en su boca. No se podía tragar todo y le caían estos alrededor de la boca. Al levantarse nos besamos y yo lamía los pequeños restos que quedaban alrededor de su boca. Ya había dilatado algo mi culo y después de ponerme a cuatro patas me metió de nuevo 2 dedos para luego coger su minga y empezar a metérmela poco a poco, con cuidado, para intentar hacerme el menor daño posible. Una vez que mi culo ya se había adaptado a su miembro él empezó a acelerar los movimientos y ya notaba como sus huevos chocaban contra mis glúteos y eso me volvía loco y provoco de nuevo otra erección en mí. Siempre había deseado tener esa polla dentro de mí y ahora por fin la estaba teniendo y me volvía loco. Él aceleró más los movimientos y gemía cada vez mas, no iba a tardar en correrse y empezó a venirse dentro de mí y yo apreté mis glúteos para hacerle sentir mejor todavía. Ahora yo quería penetrarle a él, se tumbo en el suelo y levanto sus piernas, después de lamerme un dedo se lo metí, luego acerque mi lengua para empezar a lamerle el culo, ya le estaba metiendo dos dedos y mi polla estaba con unas ganas tremendas así que no me demore más y sin pensar en el daño que le iba a hacer se la introduje de repente. Pero una vez que su culo se adapto, el ya gemía de placer al igual que yo. Al ver como mis huevos chocaban contra su cuerpo mi excite más aun y me corrí dentro de su interior. Después de ducharme y de besarnos me fui. Ahora cuando quiero engañar a mi novia no recurro a una mujer y él tampoco.
Autor: Marcelo
Resumen: Mi nombre es Marcelo, tengo 36 años y esto que voy a contarles ocurrió hace alrededor de un año, en mi casa, una noche de verano.
   
 
Contenido: Mi nombre es Marcelo, tengo 36 años y esto que voy a contarles ocurrió hace alrededor de un año, en mi casa, una noche de verano.Su nombre es Rosa, está casada con Hugo (39), tiene 38 años, dos críos, y dos fabulosas tetas que siempre fueron de mi admiración, un culo bien parado y duro, en una palabra un hermoso cuerpo a pesar de los críos. A estos chicos los conozco desde hace aproximadamente 12 o 13 años. Alicia, mi esposa algunos años más, ya que estudió con ella en la Universidad y sin dudas puedo decir que es su mejor amiga; Por lo que tenemos una relación de mucha confianza entre los cuatro, pero siempre como amigos, por lo que jamás pensé en tener una aventura con ella. Pero desde hacía un tiempo empecé a notar que ella, muy sutilmente, cada vez que nos veíamos me buscaba mucho con su mirada cuando manteníamos una conversación entre los cuatro, pero yo trataba de disimular para no armar ningún problema ya que tanto mi esposa como su marido son un tanto celosos, además siempre estaban presente sus hijos por lo que hubiese sido muy desubicado de mi parte cualquier intento.Pero aquella noche todo fue muy distinto, con mi esposa invitamos a cenar a nuestros amigos a casa y mi primera sorpresa fué el verlos llegar solos, sin sus hijos, y la segunda sorpresa y más grata para mí fué que Rosa vino con una blusa negra totalmente transparente y sin corpiños, pero con un delgado saco de hilo por encima, ya que nos encontrabamos en verano y la temperatura era elevada no me pareció demasiado extraño. Al verlos y ver en particular esos hermosos montes practicamente desnudos me provocó una involuntaria erección que intenté disimular a toda costa, cosa que por la mirada de Rosa no logré, ya que me sonrió muy cómplice. Ya en el ascensor como ibamos hablando los cuatro en tono de broma un poco fuerte, aproveché un segundo de distracción y le susurré al oído lo guapa que estaba, lo cual le agradó pues me lo agradeció con un beso en la mejilla.Yo no lograba terminar de entender su actitud, pues a pesar de nuestra confianza nunca había actuado de esa manera. La cena se desarrolló de una manera muy normal, con charlas sobre temas comunes, pero con algunas miradas cómplices entre ambos y con algunas erecciones mias al ver las tetas de mi amiga al servirse la comida o la bebida, ya que se le abría su saco y dejaba toda su belleza a mi vista. Yo intentaba por todos los medios disimular mi calentura, pero cada vez se me hacía mas difícil ocultar mi erección. Lo interesante ocurrió cuando Alicia propuso ir a comprar helado para saciar en parte el calor. Yo dije que no tenía ganas de salir, pero como ella insistió tanto, Hugo (el esposo de Rosa) dijo que no se hiciera problema, que él la llevaba en el auto, a lo que Rosa dijo que aprovecharía para llamar a su casa para ver como estaban sus hijos, por lo que Alicia y Hugo se fueron. Yo sabía que a partir de ese momento disponía de aprox. 40 o 50 minutos para llevar a cabo cualquier locura, pues la heladería se encuentra un tanto lejos de casa.Mientras hablaba por teléfono no dejé de mirarla, a esa altura ya con descaro no sacaba los ojos de ese hermoso par de tetas, miradas que fueron correspondidas lo cual me estaba poniendo más caliente aún. Cuando terminó de hablar por teléfono, me hizo el comentario de que tenía mucho calor y salió rapidamente al balcón, yo me acerqué por detrás de ella y le dije que eso era muy fácil de solucionar, que se quitara el saco y su calor sería saciado en parte, ella respondió que no podía sino iba a quedar practicamente desnuda ante mis ojos y ya había visto como la miraba durante la cena por lo que eso podía llegar a ser muy peligroso. “Lo que pasa es que hoy estas terriblemente sexy”, le dije, “Y si usas esas transparencias no debes hacerlo a medias tintas”, a lo que respondió que tenía razón, que se lo sacaría hasta que llegaran nuestras parejas. Cuando tuve ante mí semejante bellas tetas no pude evitar decírselo, a lo que respondió: “Te dije que eras peligroso”. “Es que desde hace tiempo deseo besar esas tetas, Rosa”, le respondí.

En ese momento ella dudó un poco de su actitud e intentó entrar nuevamente al living, entonces la tomé de la cintura y acercándola a mi pene que se encontraba totalmente duro le dije: “Rosa voy a besarte toda y te voy a coger en este mismo instante”, ella intentó soltarse, entonces tomé con mis manos ambas tetas y comencé a besarla en el cuello, su resistencia poco a poco empezó a ser cada vez menor, le desabroché la camisa mientras seguia besándola en el cuello, para ese momento Rosa ya estaba ardiendo y me decía que hacía tiempo que estaba caliente conmigo. Luego ella se dio vuelta y mientras yo le besaba una de sus tetas y acariciaba la otra con mi mano, bajó la cremallera de mi jean y sacó a la luz a mi pobre pene que a esa altura estaba que explotaba y empezó a masturbarme. Luego me sentó en un sillón y me hizo una mamada espectacular, con la cual me corrí en su boca. Rosa se tragó toda mi leche para no dejar rastros y me siguió mamando a pesar de mi corrida. Después levantó su pollera, se quitó sus bragas y me colocó su clítoris en mi boca, besé esa concha como si fuese la última vez en mi vida, cosa que Rosa agradeció ya que se corrió rapidamente con mi lengua. A esa altura mi pene ya estaba otra vez en guardia, le pedí que se colocara en cuatro patas y la penetré desde atrás, logrando así un par de corridas más de mi amiga, mientras tanto con mis dedos le acariciaba el agujerito de su culo y comencé a meterle un dedo mientras la estaba cogiendo, luego de las corridas y cuando pensé que su culo estaba listo le dije: “Ahora te voy a encular perra”, ella primero se negó, pero su calentura era tal que luego me pidió que lo hiciera despacio ya que normalmente su marido no la cogía por el culo. Le dije que si, y empecé a penetrar su hemoso culo despacio como ella me pidió, una vez que entró la cabeza se la clavé hasta que mis huevos chocaron con sus nalgas, con lo que arranqué unos gritos de placer que me excitaron aún más y empecé con el mete y saca en su culo hasta que nos corrimos juntos. Luego nos besamos de manera muy dulce y nos fuimos a lavar y a acomodarnos la ropa.

En ese momento me comentó que hacía tiempo que no gozaba de esa manera, a lo que respondí que esto era el comienzo ya que en 40 minutos, como tuvimos, todo lo habíamos hecho muy a la apurada. Unos minutos después llegaron Alicia y Hugo con el helado y nosotros como si nada, los esperamos escuchando música y conversando. Comimos el helado, seguimos charlando de pavadas, nuestras miradas siguieron cruzándose, lo cual me ponía como loco, eso hizo que permaneciera con una erección terrible durante el resto de la velada. En algún momento nos cruzamos con Rosa en la cocina y ella acarició suavemente mi mastil al pasar, con lo que casi me corro sobre el pantalón (hubiese sido un verdadero papelón), el hecho que ni Alicia ni Hugo se dieran cuenta de la situación alimentaba de sobremanera mi morbo. Luego de un par de horas se fueron nuestros amigos y como yo seguía muy caliente, le regalé a mi esposa una hermosa noche de ardiente sexo, regalo que Alicia agradeció ya que no se lo esperaba y yo lo necesitaba, después de algunas corridas, más de ella que mias, ya que yo venía con desventaja, nos dormimos abrazados con mi pene dentro de se concha.

Desde ese día con Rosa nos convertimos en amantes y una o dos veces por semana nos encontramos para compartir horas de sexo infiel, con más tiempo para gozar y gozar, de más está decirles que somos más amigos que antes. Me gustaría que me escribieran y dieran sus comentarios sobre mi relato.

 

 

 

Autor: Anonimo
Resumen: Esta historia es verdadera y sucedió el día de mis cumpleaños, 18 de Abril. Vivo en Colombia en una ciudad muy agradable, conocida como “La Ciudad de la Eterna Primavera”. Los días son preciosos y sus mujeres son espectaculares.
   
   
Contenido: Esta historia es verdadera y sucedió el día de mis cumpleaños, 18 de Abril. Vivo en Colombia en una ciudad muy agradable, conocida como “La Ciudad de la Eterna Primavera”. Los días son preciosos y sus mujeres son espectaculares. Las hay desde rubias naturales hasta color caoba con rasgos y formas que siempre mantienen trabajando tu mente en función de las curvas femeninas.Aquel día temprano había estado en el chat con una amiga que vive en Toronto y que es muy caliente, siempre me escribe frases que hacen pensar que ella pasa todo el día y la noche frente a su pantalla sosteniendo sexo virtual. Sin embargo con ella somos muy buenos amigos y charlamos de todo, incluso me cuenta de sus encuentros “Cibersex”. Aquella noche le dije que de cumpleaños había invitado a mi novia a bailar, pero que ella me había abandonado aduciendo un fuerte dolor de cabeza, entonces me sugirió que llamara a alguien e inmediatamente pensé en una chica que siempre me ha mirado con ojos golositos y yo nunca le había hecho caso. La llamé y ….- Hola Milena!
- Hola Cómo Estas???
- Muy bien, pensando en como celebrar mi cumpleaños… Qué tal si vamos a bailar…??
- Pero es que ya son las diez.
- Y que importa?? La noche es joven y la rumba hasta ahora comienza…
- Ok Ok, entonces pasa por mí y vamos listo…
- Listo. Bye.

Le conté de esto a mi ciber amiga y ella se entusiasmó y me dijo, “Felicitaciones amigo y procura tener SEXO esta noche…”. Pasé por mi amiga y fuimos a bailar. Hablamos de bobadas y mientras degustábamos unos rones le conté que de mi compañía anterior me habían ordenado hacerme unos chequeos médicos y que quien me había revisado por completo era una mujer médica y que me había quedado sorprendido por la actitud de ella, quien era como de unos 40. Me revisó por todas partes y que me hizo quitar toda la ropa excepto la interior. Al final del examen quiso revisar si tenía alguna hernia y para palpar por encima de la vejiga me pidió disculpas y se sonrojó antes de meter los dedos por debajo del interior.

La que se excito fué mi amiga cuando le conté que ese examen traía a mi recuerdo otro que me hicieron hace como 6 años cuando entré a un programa de medicina prepagada y el examen de admisión también me lo hizo una mujer. Ella era joven y al consultorio entramos los tres del grupo familiar, Mi hijo, mi esposa (Hoy Ex) y yo. Primero los revisó a ellos y aunque ninguno abandonó el consultorio yo fuí el último de la revisión. Ella me pidió que me desnudara por completo y que me quedara detrás del biombo en la camilla de revisión. Hizo todo su examen y por último me revisó los genitales y yo ví su cara de sorpresa cuando me vió, ya que pienso que muy pocas veces había visto unos genitales masculinos rasurados y luego ella tratando de disimular la situación, tomó mis testículos y los palpó y examinó cuidadosamente, luego tomó mi pene y también lo palpó y casi diría que acarició con mucho cuidado, aunque yo estaba notando su turbación.

Mi amiga que estaba escuchando mi relato parece que también se excitó, no se si era por imaginarse mi zona púbica razurada o por el relato en sí. Seguimos bailando y ella le dijo al Disc Jokey que pusiera una canción de “Happy Birthday”, me cantó y luego me besó en la boca y después yo aproveché dos ocasiones más y la besé. Y nos fuimos calentando y entre baile y descanso nos acariciamos por diferentes partes del cuerpo, sin llegar a insinuar un deseo claro de sexo. Terminamos de bailar como a las 2 am y salimos supuestamente dispuestos a dormir. El camino obliga a pasar cerca de mi casa y yo le dije que si quería conocer mi apartamento y ella me dijo que que íbamos a hacer y yo le dije que solo seguir bailando y me dijo que sí.

Llegamos, nos preparamos un poquito de ron y seguimos bailando. Ella se sentó después de bailar una salsa y yo me senté a su lado en un sofá (que es sofacama), empezamos a mirarnos a los ojos y le pregunté si estaba cansada y me dijo que si, entonces le mostré mis piernas y ella recostó la cabeza allí. Nos quedamos mirando largo rato a los ojos y luego yo comencé a besarla, primero suave y luego me fui calentando y empecé a buscar su lengua y depronto no se sabía quien buscaba a quien, y le besaba las orejas y por detrás y luego el cuello, después metí mi mano por el escote de su chaqueta y empecé a acariciar sus senos, tenía un sostén que los hace parecer más grandes de lo que son, pero me gustó su tamaño y sus pezones son bien pequeñitos pero muy paraditos y yo me estaba volviendo loco con mis manos y mi boca. En un abrir y cerrar de ojos le desabroché el sostén y luego la chaqueta y ella se incorporó y ayudó a quitarse las prendas, yo me deleité con sus senos entre mi boca un buen rato y empecé a pasar mis manos por encima de la ropa sobre su vulva y ella me dijo que teníamos que parar porque aun tenía la regla.

Eso me desanimó un poco, pero seguí acariciándola por encima del pantalón, un Slack negro y seguía besando sus senos y su cuello y su boca. Ella insistió con lo de la regla, pero yo le dije entonces que no había problema, que nos recostáramos y que ya no pasaría nada, sin embargo le desabroche el slack y le bajé la cremallera, luego extendí el sofacama y nos recostamos, ella se quedó quieta y yo también aunque comencé a rozar su piel con las yemas de mis dedos muy lentamente, hasta que llegué al borde de su ropa interior y ella me tomó la mano y me dijo que no siguiera y yo le susurré “Solo quiero acariciarte y no más” y ella se dejó, entonces yo metí mis manos entre sus panties y sentí que su zona genital estaba totalmente razurada de largo y eso me excitó muchisimo, entonces seguí decididamente a buscar sus labios vaginales y saber en realidad en que estado estaba ella.

Sentí que tenía toalla higiénica, pero no la sentí mojada y me decidí a seguir adelante, me puse encima de ella y volví a besarle los senos y el vientre y ella metió su mano entre mis blue jeans y buscó mi pene, también quería comprobar y sentir mi zona genital rasurada y se detuvo un tiempo tocando y acariciando la piel alrededor de mi pene y de mis testículos y sus caricias me estaban transportando a la luna. Luego me desabrochó el pantalón y se levantó para mirar mi zona depilada y yo aproveché para quitarle los slacks y las medias y ya solo quedó en panties.

Volví a meter mi mano entre sus panties y sentí sus labios vaginales gruesos y calientes, pero secos y deslice el dedo del centro en su abertura y comprobé como cosa curiosa, que a pesar de que en la parte externa estaban secos, suaves y muy calientes, por dentro su cueva estaba ardiente y totalmente inundada de Jugos. Entonces volví a acariciar toda la zona buscando su clítoris y me dediqué a acariciar y meter entre mis dedos y hacerla enloquecer de excitación. Ella mientras tanto, tenía mi pene entre sus manos y subía y bajaba mientras se calentaba aun más me dijo “Espera…” Se inclinó para quitarse las botas, yo le ayudé un poco y me decidí a quitarme también toda mi ropa y quedé totalmente desnudo ante sus ojos, me incliné y tomé sus panties y los retiré lentamente disfrutando de la vista de su sexo, cosa que me encanta hacer, estaba toda excitada y ya tenía separados los labios interiores y se veía toda mojada, no espere más, puse mi pene en la entrada de su cuevita y empujé lentamente y ella se retorció, mi pene es como de 16 cm y se lo metí de una vez hasta el fondo y ella suspiró, empezamos a movernos los dos al mismo tiempo y fuimos aumentando el ritmo poco a poco hasta que cogimos un buen ritmo, yo buscaba su boca y ella mi lengua mientras yo sentía como llegaba al final de sus entrañas.

Ella apretaba con sus labios vaginales mi pene y eso hacía que yo sintiera que la gran explosión estaba por llegar así que le dije que parara un poco y ella entendió. Nos miramos a los ojos y ella se incorporó y yo me puse boca arriba, ella se sentó a horcajadas sobre mi cuerpo y yo le dije “Por favor, cabálgame” y ella rodeó mi pene con sus manos y lo puso nuevamente en la entrada de su cueva y volvió a tomar el mismo ritmo y yo le ayudaba, cuando ella bajaba yo subía y así podía sentirla hasta el fondo. Volví a sentir que estaba a punto de venirme y ella no se cuantas veces lo había hecho así que aumentó el ritmo y así continuó hasta que sintió mi descarga en su interior, fué un momento espectacular y los dos gritábamos y sentíamos como el otro estaba bien arriba, luego nos recostamos y quedamos dormidos inmediatamente. Como a la media hora me desperté y ya estaba amaneciendo y ella también lo hizo, se vistió a la carrera y me dijo que la llevara a casa rápido antes que la mamá despertara. Al llegar me dió un gran beso y me dijo…..”Feliz cumpleaños”.

 

Autor: Anonimo
Resumen: Estábamos festejando la inauguración de la casa de campo de unos amigos de la familia quienes habían juntado el dinero de algunos años de trabajo para comprar varios terrenos como a 30kms. de Cuernavaca, una ciudad como a 80kms de la capital de México con
   
     
Contenido: Estábamos festejando la inauguración de la casa de campo de unos amigos de la familia quienes habían juntado el dinero de algunos años de trabajo para comprar varios terrenos como a 30kms. de Cuernavaca, una ciudad como a 80kms de la capital de México conocida por su clima siempre bueno y por muchos turistas, y ahí hicieron una casa de campo (rancho) muy grande, con establos para la cría de caballos de fina raza y luego vender, la casa contaba con una bonita alberca rodeada de bellos jardines y aislada a 300 metros una cancha de tenis, también rodeada por varios arbustos.Unos días antes de la fiesta, muy temprano, en una camioneta de pasajeros de ellos y en otra de mi papá, nos fuimos las familias completas a su rancho, casi todos nos fuimos a la alberca después de ver las caballerizas y reconocer el lugar, ahí platicamos, nadamos y convivimos, después casi todos nos fuimos a montar a caballo, pero mi mamá que les tiene miedo y el esposo de su amiga decidieron ir a jugar tenis, un par de horas después se acercaba la hora de la comida y como ya habíamos regresado de montar, la amiga de mi mama me pidió que fuera a buscar a mi mamá y a su esposo, me levanté de junto a la alberca y dirigí mis pasos a la cancha de tenis para ver si querían venir a comer, caminé rápidamente para encontrar la cancha vacía, caminé de vuelta hacia la casa y escondida atrás de unos arbustos estaba mi mamá a punto de ser poseída por Jorge, que así se llama el esposo de su amiga. Jorge estaba encima de mi mamá en la posición del misionero, ella recostada sobre el pasto, tenía las piernas bien abiertas. Me escondí y observé como la penetró y la hizo gozar un buen rato, como cambiaron de posiciones en varias ocasiones hasta que mi mamá se vino y no una sino muchas veces, hasta que el también terminó, siguieron recostados acariciándose y besándose.Ya no podía ver más, acababa de presenciar como mi mamá se entregaba a otro hombre que no era mi papá y aunque yo estaba enojada, tenía celos de ella, la entrega total de ambos enervó mis sentidos, como acababa de cumplir 16 años y siendo virgen, no sabía a quien acudir para que apagara las llamaradas de deseo que estaban consumiendo mi cuerpo, casi corriendo alcancé la puerta de la casa, entré para tratar de encerrarme en una recámara y masturbarme, pero para mi desgracia en la casa ya estaban todos esperando para la comida, no me quedó otro remedio que quedarme con las ganas y sentarme junto a ellos para platicar, más tarde aparecieron Jorge y mi mamá y ya todos reunidos nos sentamos a comer. A la mañana siguiente estábamos en la alberca, y ahí la amiga de mi mamá le preguntó a ella:- ¿Qué tal te fue ayer jugando al tenis con Jorge?.- Fantástico, nunca había disfrutado tanto de un partido – contestó mi mamá después de tragar saliva.La amiga de mi mamá tuvo que levantarse para regañar a su hijo por una travesura que había hecho, así que aproveché para seguir con el interrogatorio.- ¿Entonces Jorge si te trató bien mamá?. – le pregunté yo.

Mi mamá intrigada por la manera en que le hice la pregunta volvió la mirada hacia mí, mientras respondía:

- Si, hija, jugamos tenis hasta quedar rendidos.

- Y, ¿Solo jugaron tenis?.

- No sé que me quieres decir con esa pregunta Mónica, sí, solo jugamos tenis. – contestó mi mamá bastante intrigada por mi pregunta.

Aprovechando el momento sabiendo que estabamos solas y no podíamos ser escuchadas por nadie le dije:

- Mira mami, yo sé lo que pasó entre ustedes ayer, después de haberlos visto casi más de media hora jugando y no precisamente tenis. Ayer me dirigí hacia ustedes para avisarles que ya estaba la comida lista y los sorprendí haciendo el amor tirados en el jardín, quiero decirte que al principio me sorprendí, pero luego me dió bastante excitación lo que estaba ocurriendo y me quedé viéndolos hasta el final.

- Pero…

No dejé que terminara la frase suponiendo que iba a recriminarme por haberlos espiado, luego empecé a decirle:

- Mira, tu sabes lo que haces y yo no soy nadie para recriminarte, solo sé que en toda la noche no pude cerrar los ojos recordando como Jorge te hacía el amor y todavía estoy muy excitada, pues aunque me masturbé varias veces no he dejado de pensar en lo que vi y tomé una decisión que seguro te parecerá extraña, pero que mejor que con un hombre con la experiencia de Jorge pierda yo mi virginidad y no jugando con mi novio con quien de vez en cuando me acaricio mas de lo normal, ¿No lo crees así?.

- Mira, tu sabes que eres mi bebe y que toda madre quiere lo mejor para sus hijos, desde hace tiempo supe que tu habías descubierto los consoladores que tenía yo guardados en mis cajones y que los tomabas tratando de que yo no me diera cuenta y lo que hacías con ellos junto con tus amigas, no te digo que eso es malo, al contrario pasas momentos agradables y placenteros.

Yo no sabía que contestar pues me tomó por sorpresa, por lo que me había dicho nunca me imaginé que ella ya sabía que le tomaba sus consoladores para junto con mis amigas y esos pedazos de caucho que simulan ser miembros artificiales, masturbarnos. Todavía no desaparecía de mi rostro la sorpresa por lo que continuó diciendo:

- Hija, estoy muy contenta porque ahora ya eres toda una mujer, creo que lo natural es más sabroso y placentero, te diviertes y apagas un poco el calor interno que sientes con esos consoladores de plástico, pero pienso que es mejor un buen macho que sepa hacer las cosas, que te trate bien, que lo haga sabiendo que tu como mujer también tienes derecho a gozar y pienso que como dices ya estas en edad o por lo menos con la capacidad de perder la virginidad.

- Entonces mami, ¿no estás enojada conmigo?. – le pregunté sintiendo que para mí los papeles ya se habían cambiado, pues ahora yo era “la descubierta”.

- ¿Por qué habría de estarlo?.

- Pues porque tu siempre me has dicho que debía guardar mi virginidad para cuando me case y cosas parecidas sobre el sexo.

- Solo te lo decía por miedo a que no supieras como y con quien hacerlo, recuerda que existen bastantes enfermedades venéreas y no me gustaría que a mi bebe le contagiaran cualquier clase de enfermedad, además de que la persona con la que lo hicieras no te tratara con la delicadeza que tu te mereces, solo te pido que tengas confianza en mí y me platiques todos tus secretos como lo hacías de niña, recuerda que siendo yo tu madre puedo aconsejarte y siempre para bien. Creo que tienes razón, Jorge puede ser un muy buen comienzo para ti y si no te molesta quiero que llegando a México me acompañes con mi ginecólogo para que te revise y te recete unos anticonceptivos, pues tampoco me gustaría que pudieras quedar embarazada, ¿Estás de acuerdo conmigo?.

- Si mamita, te quiero mucho; – le dije al momento que se levantó y me abrazó – perdóname por no haber confiado en ti, de ahora en adelante te prometo que no voy a tener secretos contigo, ahora sé que tu me podrás ayudar y orientar en todo sin temor a que me recrimines algo.

- Yo también te quiero mucho y ten la seguridad que siempre estaré a tu lado para velar por tu seguridad y tu felicidad.

- Mami ya que me comprendiste, se que no te gustará la idea y se que voy a abusar de ti pero, ¿Como puedo llevarme a Jorge a jugar al tenis y explicarle que más que al tenis quiero que juegue conmigo como lo hizo contigo?

- Déjalo en mis manos. – me dijo mientras antes de levantarse me guiñaba un ojo.

Después de un rato, la vi acercarse a Jorge y platicar brevemente con él, quien en un principio perdió el color de la cara, para recobrarlo instantes después con lujuria reflejada en los ojos, comprendí que mi mamá ya le había dicho que yo quería hacer el amor con él, así que me levanté dirigiéndome hacia ellos para decirles:

- Muchas gracias, los quiero mucho a los dos por comprensivos. -les dije mientras al mismo instante jalaba a Jorge del brazo obligándolo a levantarse para continuar diciendo:

- Ven conmigo flojo, tengo el permiso de mi mamá para llevarte a jugar tenis y esta vez tengo que dejarte agotado por recomendación de ella.

El se levantó sin decir nada, volvió la vista hacia mi mamá quien al mismo momento asentía con la cabeza, lo que lo hizo comprender que tenía que darme la misma ración de sexo que le dió el día anterior a mi mamá. Mientras observaba mi mamá como nos alejábamos, le dije a Jorge:

- Realmente quiero mucho a mi mamá es fantástico que me haya comprendido y quiero que tu me hagas el amor tan rico como se lo hiciste a ella el día de ayer.

Llegamos a un lugar aun un poco más apartado y menos vistoso en el cual rápidamente mi excitación me llevo a quitarle el traje de baño e hincándome frente a él, tomar su rica verga en mis manos, mientras le decía:

- Que rico es sentir una verga de verdad y no una de plástico como con las que juego con mis amigas o una todavía sin desarrollar como la de mi novio.

- Te voy a hacer sentir que estas en la gloria, solo déjate llevar -, comentó Jorge.

- Si, lo que tu digas, en este momento me siento en la gloria.

Jorge besó lujuriosamente mis labios, al mismo tiempo me acariciaba los redondos senos que ya me colgaban como frutas maduras, me pellizcó y jaló mis rosados pezones.

- No Jorge, por favor no los jales de esa manera que me duele…. no los… ¡oh!…

Mi protesta terminó en un gemido ahogado, pues para mi sorpresa una llamarada de deseo ardió en mis entrañas haciéndome estremecer, jadeé excitada y cerré fuertemente los ojos, oleadas de pasión me sacudieron totalmente cuando Jorge me pellizcó el inflamado clítoris tironeando de él suavemente, después de haberme quitado el traje de baño, un hondo gemido de placer escapó desde adentro de mi garganta, Jorge se acomodó entre mis piernas apoyando su enorme y grueso garrote en los delicados bordes de mi sexo frotándolo lascivamente.

- Jorge, mmmmmm….. Jorge que delicia.

Le dije estremeciéndose mientras él continuaba con las caricias en mis pezones a la vez que sentía el inmenso garrote que presionaba para introducirse en mi virginal conducto.

- Ahhh… Jorge… ahhh… sííí… ¡Sí, empuja!

- Ten calma pequeña, ya va. – contestó Jorge mientras empujaba introduciendo su gran garrote.

- Ayyy… ayyy… ¡No espera!, ya nooo…

Exclamé presa de dolor pues su enorme garrote había aplastado mis pulsantes labios vaginales separándolos y penetrándome unos cuantos centímetros, lo cual me hizo sentir que mi vagina distendida al máximo era clavada contra un grueso poste.

- Aguanta un poco más pequeña. – mencionó Jorge mientras empujaba de nuevo.

- Aggg… no, no, nooo… es muy… aggg… ¡muy grande!

- No, no lo es. -gruño Jorge preso de la excitación y arremetiendo con furia.

Yo volví a quejarme, pero él haciendo caso omiso de mis quejas aprisionó mis redondos globos con sus manos y empezó a chupar y morder mis pezones, tironeando de ellos suavemente mientras recorría mi cuerpo con la otra mano apretando y acariciando las firmes carnes de mi cuerpo, así poco a poco fuí sintiendo el ardor de la pasión, pues comencé a devolverle las caricias y halándolo de la cabeza, aplastándolo contra mis pechos e inflamados pezones, arañándole apasionadamente la espalda y moviendo las caderas como si estuviera bailando una danza erótica, mientras dejaba que el grueso garrote de Jorge me penetrara. Los movimientos de él cada vez fueron más rápidos, hasta que un gesto de pasión se le formó en la cara y en un gemido de placer se vino.

- Estás tan buena y tu cosita virgen estaba tan apretada que sentía tan delicioso como se amoldaba a mi verga raspándola cada vez que entraba y salía. – me dijo él disculpándose.

- Yo también sentía como los labios de mi vagina se pegaban a tu verga y me ha provocado una excitación tremenda, así que síguete moviendo, no quiero que me dejes así.

- No, claro que no, te prometí que te iba a hacer sentir que estabas en la gloria y lo voy a cumplir.

El sacó su verga que estaba flácida y nuevamente chupó y mordió mis chiches y mis pezones, yo seguía aún excitada y lo motivaba a seguir, me gustó la caricia que me hizo con su boca, fue bajando por mi cuerpo sin despegar sus labios de mi piel recorriéndolo, llegó hasta los dedos de mis pies los cuales chupó uno por uno, fue subiendo por la cara interior de mis pantorrillas y mis muslos para encontrarse sobre mis labios vaginales los cuales mordió suavemente abriéndolos, buscó el interior de la vagina, ahí metió la lengua y me hizo gemir de placer, recorrió los bordes exteriores para continuar con los interiores, luego sacó su lengua y la puso en la entrada de mi culo, haciéndome dar un respingo de placer, su lengua pasó de arriba hacia abajo y de adentro hacia afuera, yo, loca de pasión no paraba de gemir placenteramente y me vine en la boca de Jorge.

- Fue delicioso sentir la boca de un hombre en mi vagina, ya me había acostumbrado a la boca de mi amiga, pero la tuya es mucho mejor, aunque quiero sentir nuevamente tu verga como entra y sale de mí.

Jorge ya estaba excitado nuevamente por lo que aceptando a mi petición se acomodó entre mis piernas y me metió la cabeza hinchada de su verga, mis gemidos de placer no se hicieron esperar, él siguió empujando dentro del canal que momentos antes desvirgó, hasta tener casi por completo su gran verga dentro de mi ser, yo no cabía en mí, del gozo que estaba sintiendo.

- Por favor Jorge… Muévete más rápido, quiero sentirme en la gloria como lo prometiste, hazme ver las estrellas en pleno día, siente como mi conejito se come toda tu zanahoria, siéntelo como aún está estrecho y aprieta tu verga.

El apresuró sus movimientos y yo empecé a gritar de placer, mientras en medio de una secuencia de espasmos me venía, Jorge no detuvo sus movimientos, a él también lo embargaba el gran placer que estaba sintiendo, por los gestos de placer imaginé que de un momento a otro se vendría, pero para mi sorpresa el me sacó la verga aún completamente erecta, se recostó boca arriba sobre el césped y me dijo:

- Ya es hora de que aprendas a introducirte una verga de verdad en ese canal de placer, ven siéntate encima de mí, a la vez que te vas introduciendo mi verga poco a poco.

Yo observando el poste sobre el cual me iba a sentar, lo tomé entre mis manos mientras le decía:

- Sí me voy a sentar en él, pero primero quiero acariciarlo, quiero sentir su sabor al meterlo en mi boca y chuparlo como si fuera un caramelo. – le dije mientras me pasaba la lengua por mis labios.

Lo metí en mi boca y empecé a chuparlo, comiéndome casi por completo aquello que me supo delicioso, él por su parte captó el calorcito encantador de mi boca y poniendo los ojos en blanco me confesó:

- Nunca jamás alguien me había dado este trato al tragártela casi toda y menos tu tía (a veces a ellos les decíamos tíos por la amistad que llevaban con mis padres) quien es una mojigata y no entiende que el sexo es un placer, regalo de los cielos y no una aberración del diablo, nadie me la había chupado tan delicioso como tu, es tan sabroso como meterlo en tu panochita, pero con la gran ventaja de que tu lengua lo acaricia como se le venga en gana.

Haciéndolo temblar me di vuelo lengüeteándolo por todos lados, el se encogió al instante pateando desesperadamente, yo estaba dichosa de hacer que se agrandara cada vez más ese garrote de apariencia indomable, metí sus huevos a mi boca y el gimió placenteramente pues estaba a punto de venirse, cosa que me hizo saber, como yo quería sentirlo adentro de mí no lo dejé, sacándolo todo de mi boca, mirándolo fijamente mientras lo sostenía con mis manos, crucé una pierna por el cuerpo de Jorge y la coloqué en la entrada de mi ex-virginal conducto sentándome sobre él a la vez que me lo introducía y haciendo un esfuerzo por eliminar el dolor, me lo metí todo, estuve algunos minutos sin moverme acostumbrándome al invasor que tenía adentro, él por su parte me acariciaba las chichas y mordía mis pezones, cuando me sentí lista le dije:

- Ahora si mi amor, soy toda tuya y no te voy a dejar descansar ni un segundo hasta que me hagas venir como nunca se lo has hecho a la mojigata de mi tía, tu esposa.

- Entonces muévete, sube a horcajadas tratando de sacarte mi verga hasta que sientas la punta en la entrada de tu cueva, para dejarte caer de un solo empujón hasta la empuñadura, hasta que sientas que mis huevos también están a punto de meterse-.

Yo sin chistar así lo hice, mis chillidos que empezaron de dolor a los pocos segundos se convirtieron de placer, yo subía y bajaba cada vez con mayor velocidad hasta que sin poder aguantarme más, inclinándome hacia adelante grité de placer al momento que mi cuerpo se sacudía y vibraba a causa de un violento orgasmo, desmadejada me dejé caer sobre el pecho de Jorge, el aun no conforme rodó junto conmigo sobre el pasto sin sacarme él miembro de mi vagina hasta quedar encima de mí, se incorporó para colocar mis piernas sobre los hombros de el y empezó el clásico movimiento de mete y saca.

- Jorge en verdad me estás haciendo ver estrellitas, mmmmm… que rico lo haces, deberían darte una medalla por estoooo… mmm… más, métela más, muévete más rápido, así, así cariño, asííí…-

Yo ya no pude aguantar más y sentí nuevamente un gran escalofrío que me recorrió todo el cuerpo cuando un gran orgasmo abatió mi cuerpo, el cual no bajó solo pues arrastró a otro y otro y otro más, el tampoco pudo soportar el placer que estaba sintiendo y dejó escapar todos sus líquidos seminales dentro de mí, los cuales por su abundancia se derramaron por entre las paredes de mi vagina formando un pequeño charco sobre el pasto. Nos relajamos un rato y nos levantamos para unirnos al grupo.

Llegamos a México y mi mamá me llevó al ginecólogo, quien me recetó unos anticonceptivos. En tres o cuatro ocasiones posteriores nos vimos e hicimos el amor, igual que siempre me hizo ver estrellitas de tantos orgasmos que me hizo sentir y siempre lo recordaré como mi primer hombre y con una muy grata experiencia.

 

 

 

 

 

Autor: Anonimo 
Resumen: Soy mexicana, tengo 38 años de edad, estoy casada con un hondureño hace 7 años. Vivíamos aquí en Raleigh, pero por razones de trabajo, mi esposo tuvo que viajar a Los Angeles, con un mejor sueldo y sólo va a estar un año.
   
   
Contenido: LLORABA Y ME ACARICIABALe cuento mi drama. Desde que se fue, hace siete meses, cambió mi carácter, extrañaba demasiado a mi esposo, me puse nerviosa, llegué a estresarme, al extremo que todas las noches lloraba desconsolada y no quería comer porque no tenía apetito. Esto motivó que cambiara mi vida, comencé a adelgazar y extrañaba el sexo que me hacía mi marido. Hace dos meses que ya no aguanto sin estar con mi esposo y he aprendido a masturbarme, pero no es lo mismo.Cuando mi esposo se fue, me dejó en casa de mis suegros. Según él, iba a estar segura y ellos iban a cuidar de mí. Hace tres semanas, exactamente, mis suegros decidieron llevarme al médico para que me receten algo para el estrés y falta de apetito.

Luego que el médico me examinara y le contara mi historia, escuché que el médico le dijo a mi suegro que por mi temperamento ardiente, lo que me faltaba era sexo, ya que había pasado seis meses sin contacto con el esposo. Además, me indicó unas pastillas que me iba a tranquilizar y entrar en un sueño profundo por las noches.

A los dos días, al parecer, me llegó a dar doble dosis y esa noche quedé privada, no llegué a sentir nada de lo que me podría pasar.

LO HIZO MEJOR QUE MI MARIDO

De esta situación se aprovechó mi suegro, un hombre de 52 años de edad, fuerte y muy «eléctrico» para ir a mi cama al promediar las dos de la madrugada, porque antes me dijo que no echara llave por cualquier emergencia. Pero antes, también le dio una pastilla a mi suegra para que «descanse» bien y no vea sus malas intenciones.

Al promediar las seis de la mañana sentí algo extraño por mi cuerpo, y al despertarme me vi sin ropa y mi suegro me besaba como un desesperado, lo que motivó que me excitara muchas veces, mejor dicho mucho placer. Al estar casi despierta, quise agarrarlo a cachetadas a mi suegro, pero era tanta la felicidad que sentía, que me dejé hacer lo que el quiso y decenas de poses que mi esposo no me hace.

Prácticamente ya me había entregado a él y me hizo de todo, quedé totalmente extenuada y veía cómo su miembro y su lengua exploraba todo mi cuerpo que estaba sediento de sexo. En una noche con mi suegro gocé más de los siete años con mi marido.

Ahora no sé qué hacer, cuando veo a mi suegro siento vergüenza, pero me gustaría estar otra vez con él.

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