Autor: Fernando 

Resumen: Mi hermana que se llama Gina es una mujer preciosa, es chaparrita de ojos verdes y tes morena clara, con un cuerpo realmente espectacular, en pocas palabras es un bombón y está bien buena. Con solo verla me dan ganas de masturbarme. 

 

Todo comenzó así…


Ella y yo siempre fuimos a la escuela y posteriormente a secundaria juntos, yo me convertí en el chavo más popular de la secu y ella la chica más guapa, todas sus amigas se habían dado un faje conmigo pero a mí la que me interesaba era ella.

Yo siempre imaginaba el momento de tocarla y empecé a imaginarmela cambiandose de ropa mientras la observaba. Un día mientras se desnudaba y se duchaba le vi el cuerpo totalmente desnudo, esta fue la primera ves que la vi así. Me ponía nervioso y muy exitado y mientras veía que se secaba su puchita me vine en los pantalones, ni si quiera me había tocado, no pude contenerlo, después de ese día me pasó muchas veces más…

Yo tenía que partir a Los Estados Unidos y odiaba la idea de no verla más en cuatro meses que era el tiempo estimado que iba a estar fuera. Al poco tiempo ella comentó que quería venir conmigo a Nueva York, al principio lo dudé, pero luego accedí de inmediato.

Acá vivimos con nuestra otra hermana que es mayos que nosotros, esta; no se el motivo pero no me atrae, aunque he de decir que es muy guapa también. Un día mi hermana la mayor y su esposo tuvieron que salir para no regresar en dos días y nos quedamos el bombón y yo solos en casa.

La primera noche ella se durmió temprano y yo al poco rato de ella apagar la luz, me puse una película porno, el volumen lo tenía bajo para que ella no lo escuchara aunque sabía que si estaba despierta la escucharía, en el fondo mi intención era que lo oyera y se exitara, me moría de ganas por tocarla, pero no pude, no sabía como iba a reaccionar más sabiendo que mi familia me consideran un chavo muy serio.  No sabía como podía reaccionar, o si lo iba a contar.

Al día siguiente me levanté como a las seis de la mañana para ir a trabajar, yo empezaba a las ocho y era una mañana de verano muy calurosa, al pasar cerca de su cama vi que estaba cubierta solo con una sabana blanca casi transparente, me quedé mirando su hermosa cara relajada mientras dormía. Me moría de ganas por tocarla. Y me lancé, puse el control de la tele cerca de su cuerpo por si despertaba poder poner la escusa de que iba a coger el mando.

Le empecé a acariciar por encima de su cuerpo y no despertaba, poco a poco lo hacía con más presión para ver si despertaba y nada, tiré lentamente de la sábana hasta destaparla completamente, solo vestía un short muy chiquito y un top, seguramente se abría quitado la blusa por el calor. Empecé a acariciarle las piernas y luego sus duritas nalgas, al ver que no despertaba le fui bajando con cuidado el short, llevaba un tanguita tipo hilo amarillo completamente mojado, estaba exitada, le quite el brasiert le empecé a chupar sus pezones paraditos, recorrí su cuerpo de besos, le abrí sus piernas, y le pasé mi lengua por sus ingles, podía ver como su piel se erizaba, empecé a comer su pucha,  me comí todo su clítoris y vagina, ella se retorcía de placer… La penetre con mis dedos y ponía cara de gran extinción, todo esto sin abrir los ojos claro. Quisas le avergonzara, no quería verme hacerle eso. Yo quería penetrarla pero sinceramente no me anime por miedo a a no se qué, estuve bastante rato acariciándola, comiéndola y dándole placer. Finalmente me masturbe con su mano, cuando casi terminaba me apretó muy fuerte la verga,  como si quisiera darme una señal de agradecimiento.

Le quite completamente el calzón y me quede con el, quería que cuando levantara se diera cuenta de lo que paso,  aunque sé, que ella estaba de acuerdo. Como despedida le puse mi esencia en su cara y a ella le escurría su jugo entre sus piernas, pasé la lengua por la corrida, era el mejor manjar que abría  probado nunca, quizás fue porque era el de mi hermana.

No pierdo la esperanza de cogérmela, ahora tiene 21 años y ya se ha casado, cuando eso sucedió tenía 19 años y yo 21. Me exita mucho la idea de que le sea infiel a su esposo conmigo.

Esta es una de mis experiencias más exitantes, Por favor me gustaría conocer sus opiniones, dejen sus comentarios, tal ves les ha pasado algo similar.

Autor: Anónimo

Resumen: Me la metió hasta dentro, no me dolió mucho porque el agujero ya se había hecho a la medida y empezó a bombear para dentro y fuera, creí que me moría, no se si de gusto o de dolor.

 

Contenido: Hola a todos, tengo 29 años y soy de Cantabria en el norte de España. Me imagino que estaréis cansados de escuchar al principio la misma cantinela común que tenemos todas las travestis de vestirnos con las prendas de mama y de las hermanas, pero es que lo necesitamos contar, para coger confianza con vosotros. En mi caso yo tenía 13 años mi madre no se porqué un día cuando salía del baño me dijo: “mira que tetitas tienes”, “un día te voy a comprar un sujetador”. La frase me dejó trastornada, ¿A que se habría referido mi madre? No me la podía quitar de la cabeza. Esa misma tarde cuando fui a echar la ropa sucia vi que había un sujetador de mi madre, lo toque y me encantó su tacto y me lo probé, fue deliciosa la sensación.

A los dos días mis padres se iban de excursión toda la tarde y yo les puso una excusa y me quedé sola en casa. En cuanto se marcharon fui al armario de mi madre para volver a tener la sensación del sujetador, pero cuando lo abrí vi todo un mundo de posibilidades, así que decidí vestirme entera. Con esos años era lampiña (ahora también…estoy depilada) y me puse un conjunto interior blanco con leotardos verdes (que no pegaban ni con cola), una blusa rosa ajustada con una falda negra larga muy bonita y unos zapatos (que me quedaban un poco pequeños).Después me maquillé con tonos rosas y morados y me pinté hasta las uñas. Me veía preciosa. ¡Que excitación!.

A partir de ese momento ya nació Maica y ya no pude parar de vestirme. Pero tenía muchas dudas ya que a mi me seguían gustando las mujeres y no encontraba a los hombre atractivos. Fantaseaba con ser mujer, me encantaría ser Mujer pero no los hombres. Que raro (pensaba).Lo intentaba dejar miles de veces pero luego siempre volvía , daba igual si tuviese novia que no.
Además poco a poco fui descubriendo más cosas como mi sexualidad e Internet. Una que descubrí que yo también tenía un agujero común al de las mujeres siempre que me vestía terminaba con algo con forma de pene (zanahorias, rotuladores gordos…) dentro de mi culito hasta que llegaba al orgasmo. Y en Internet conocí a muchas amigas que me ayudaban, me daban seguridad al ver que había más gente como yo. Y también empecé conocer a chicos con los que catear y hablar por teléfono. He de reconocer que me encantaba a veces calentarles y sentir que alguien me deseaba tal y como era.

Hasta que hace unos días decidí que ya estaba harta del closet, de fantasías y tonterías y quería demostrarme que se siente siendo un día realmente una mujer. Así que según me levanté me depilé todas las piernas y dejé todo mi cuerpo sin un pelo excepto un poco en el vello púbico. El pecho y brazos siempre lo llevo depilado. Cogí toda mi ropa, mis botas y me marche a Bilbao. Allí compré una peluca mejor que la que tenía y algunos complementos y maquillaje más y me fui a un hotelito de Baracaldo. Después de comer Me empecé a arreglar, primero me puse un conjunto de sujetador y braga negro y las medias (sin la sensación de las medias en mis piernas no es lo mismo) las botas. Me veía preciosa con las piernas tan sexys. Y comencé a maquillarme con tonos azules y grises y labios granate. Me quedó muy bien, me puse la peluca y me vestí con una blusa semitransparente granate y una falda muy hippie del mismo color. Modestia aparte la verdad es que estaba muy bien, porque soy bajita y delgada, y aunque se notaba algo de corpulencia porque soy muy deportista, estaba fenomenal, muy moderna, femenina y sexy.

Una vez estaba vestida me apetecía salir a dar una vuelta. Allí no me conocía nadie, así que podría hacerlo sin problema. Cogí el bolso, abrigo y salí. El recepcionista me miró con cara rara, como diciendo que quien era esta pero no dijo nada.

Salí y al principio es una sensación extraña, porque te crees que todo el mundo está mirándote, pero no es cierto, la gente va a sus cosas. La verdad es que sentir el viento en las piernas rozando con las medias, mientras andas por sobre los tacones por la calle es genial. Encontré un ciber y entré para que me viesen mis amigos cibernéticos por la cam. La verdad es que nadie nota que eres un travesti y si lo notan son muy discretos, la verdad es que me sentía muy cómoda. Con voz lo más suave que pude le pedí un ordenador al dependiente y me puse a chatear. Puse la cam con varios amigos y había dos de Bilbao, con uno de ellos había hablado varias veces de quedar pero al final ninguno de los dos podía o surgía algo. Cuando le dije que estaba en Baracaldo y me vio por la cam me dijo que podía quedar. a mi me apetecía estar con un hombre, así que quedamos en la puerta del teatro principal, allí hay un parking. Quedamos en 1 hora. Seguí cateando y me dieron mucha confianza los piropos y halagos que recibí por Internet. Llegada la hora me fui acercando al teatro, estaba excitadísima.

Llegué diez minutos antes. Me comían los nervios, Y si era un friqui o un raro o un peligroso, estaba un poco acojonada. Él llegó 15 minutos tarde, ya pensé que me daba algo. Estaba bastante bien, un poco gordito pero de cara bastante guapo, me conoció y me dio dos besos, me piropeó diciendo que era muy guapa y empezamos a hablar (él también parecía nervioso) eso me tranquilizaba. Charlamos un rato sobre los trabajos y cosas en general y parecía un tipo normal, dimos una vuelta y me empecé a sentir cómoda, me agarró de la cintura y me gustó mucho, le dije de tomar algo en un bar, entramos y pidió el. Seguimos hablando y en un momento se acerco y me besó, eso me encantó, besaba muy bien y me encantaba el roce de su barba de dos días sobre mi cara. Seguimos besándonos en la calle y me dijo que donde podíamos hacerlo, yo le dije de la habitación del hotel y nos dirigimos hacia allí besándonos y metiéndome mano. Cuando entramos en el hotel el recepcionista por su cara debió flipar, pero yo estaba lo que estaba, nada más entrar en la habitación seguimos besándonos y metiéndonos mano, yo le tocaba el instrumento por encima del pantalón y se sentía hermosa.

Se la saqué y comencé a acariciar, él me bajó la blusa y los tirantes del sujetador y comenzó a chuparme los pezones, ummm que rico, en eso me agaché y me la metí en la boca, sabia muy bien, después de unas chupaditas le puse un capuchón y comencé a mamarla despacito, me encantó, cada vez con más ritmo la metía y sacaba de mi boca y con mi lengua le acariciaba el glande. Cuando ya llevábamos un rato, me dijo que le tocaba a él, me bajó la falda, las medias y la braga y se agachó para mamármela, lo hizo tan rico que me acabé corriendo.

Seguido me agaché y seguí mamándosela, la verdad es que le excitaba mucho porque no se le bajaba ni un momento. Me dijo que quería follarme y yo estaba loquita por sentirla dentro. Le dije que se tumbase en la cama, que al principio me gustaba a mí arriba. se tumbo, me terminé de quitar la falda y la blusa y me quede en sujetador, medias y tacones, me senté encima de él y comencé poco a poco a introducirme su hermoso instrumento de unos 18 centímetros, que gusssstoooo!!!, al principio me dolía muchísimo y eso que me había echado vaselina mientras me vestía por si acaso llegaba este momento, pero poco a poco mi ano fue cediendo y entraba más y más, una vez entera adentro yo creí que me moría, comencé a sacarla, ya dolía menos, y volvía meterla y a sacarla, cada vez más y más rápido y ya empezaba a gustarme, seguí un rato más, hasta que él me dijo de cambiar.

Me puse a cuatro patas y me la metió hasta dentro, no me dolió mucho porque el agujero ya se había hecho a la medida y empezó a bombear para dentro y fuera, creí que me moría, no se si de gusto o de dolor, pero me encantaba.
Hasta que acabó corriéndose dentro. Le quité el condón y se la acaricié, me había encantado, se la limpié con la boca, me sentía una zorra y la verdad es que mi culo pedía más gusto, pero el ya no podía mas, nos dimos unos cuantos besos más y se vistió y se marchó. Yo me quedé tumbada con el culo dolorido pero con una sonrisa de gusto que no la recuerdo en mi vida. Me volví a vestir y salí a dar una vuelta por la calle, necesitaba pensar, pensar en que esto es lo que quería en mi vida. quiero ser una mujer.

Autor: Tiago Zaniratti

Las fantasías sexuales femeninas más comunes es el tema que os vamos a presentar hoy. Si alguno de tus deseos más tórridos no están en esta pequeña lista que hemos creado, te animamos a que nos cuentes los tuyos…

Durante mucho tiempo se creyó que las mujeres carecían de fantasías sexuales. Claro, como no tenían necesidades eróticas, la imaginación no se les disparaba en esa dirección. Pero cuando se aceptó su autonomía sexual, comenzó a estudiarse su capacidad fantaseadora.

Las fantasías más comunes entre las mujeres, además de la comentada, por orden de frecuencia son:
1.- Realizar prácticas sexuales que nunca serían capaces de llevar a la realidad. Esto incluye prácticamente cualquier cosa, y confirma el carácter liberador, lúdico, que tienen las fantasías eróticas. Las mujeres tienen este tipo de fantasía en mayor medida que los hombres. Un 28% de ellas se excitan así.

2.- A esa fantasía le sigue tener sexo con un extraño. Una de cada cinco mujeres (21%) fantasean de este modo. En ocasiones se trata de alguien conocido del inmediato entorno de la soñadora. Pero la mayor parte de las veces se trata de alguien visto fortuitamente por la calle, en el trabajo, o en cualquier otro ambiente cotidiano.

3.- Un 19% de las mujeres, sobre todo las más jóvenes, fantasean con que son obligadas a tener relaciones sexuales por conocidos o desconocidos. Ojo con esta fantasía, porque algunos (y, aunque menos, algunas) encuentran que la misma explica las violaciones de muchas mujeres. Nada es menos cierto que eso. Se trata de fantasías, de excitarse mediante hechos que pueden dar morbo por la situación creada a su alrededor (estar indefensos ante el otro puede ser excitante para muchas personas muy resolutivas en la vida real), pero eso no implica un deseo, ni directo ni indirecto, de ser violadas o de provocar violaciones.

4.- La actividad sexual realizada con más de una persona del sexo opuesto ocupa la fantasía del 18% de las mujeres. forma parte de esa necesidad de imaginarse situaciones que, probablemente, no serían capaces de realizar en la vida real.

5.- Un número mayor de mujeres heterosexuales que de hombres fantasean con tener relaciones sexuales con alguien del mismo sexo: 11%. Esto sucede así porque las mujeres reciben culturalmente el mismo gusto que los hombres por la belleza femenina y son capaces de admirarla sin tapujos homófobos.

6.- Finalmente, la fantasía que ocupa el último lugar entre las mujeres es la de obligar a alguien a tener relaciones sexuales sin su consentimiento o con un asentimiento forzado. Esta fantasía ocupa al 3% de las mujeres. Aparece con menos frecuencia que en los hombres, precisamente por ese modelo general del fantasear femenino que supone verse como receptoras de la actividad sexual ejercida por otros. En ese contexto, forzar a terceras personas a hacer algo está casi fuera de lugar, pues exigiría ser más activas que receptivas.

Autor: Anónimo  
   
   
   
Contenido: Un ruido llamó su atención, miró hacía abajo y pudo observar como se abría la ventana de enfrente, un piso más abajo. Era él, aquel muchacho que llevaba dos meses viviendo en el edificio, estaba en el baño y se disponía a afeitarse. Tenía el torso desnudo y una toalla enrollada en la cintura, ella no pudo evitar mirarle y se escondió tras la cortina de la ventana como si estuviera haciendo una travesura. Podía verle muy bien desde allí, era un chico muy atractivo, tenía la piel bronceada y los músculos de los brazos marcados, aunque no demasiado. No tenía prácticamente vello en el pecho y se podía adivinar que hacía deporte por su aspecto tan fibroso, llevaba el pelo un poco largo y ondulado.Ella se sorprendió de la excitación que le provocaba ver a ese hombre, deslizó sus manos sobre su bata de seda, acariciándose y dejando que se resbalasen sobre la suave tela, esa sensación le gustaba y disfrutó de ella sin apartar la mirada de la ventana. Sin querer sus manos tiraron del lazo que sujetaba la bata y sus dedos se dirigieron lentamente a su entrepierna, tenía ganas de tocarse, tenía ganas de sentir…

Levantó suavemente la tela de sus braguitas, él estaba terminando de afeitarse y estaba agachado ante el lavabo, lavándose la cara. Se incorporó y de repente sus ojos se clavaron en la imagen de una mujer que le observaba desde el piso de arriba, ella se sobresaltó y se escondió rápidamente tras la cortina, el corazón le latía fuertemente mientras se abrochaba la bata. No podía creer lo que había estado a punto de hacer, ¿le habría visto aquel muchacho?… Tímidamente volvió a mirar a través de la cortina, él seguía allí, se quitó la toalla que le cubría quedando completamente desnudo. Mientras entraba en la ducha volvió a mirar hacía la ventana de arriba y adivinó una silueta agazapada que seguía observándole.

Ella se vistió y decidió salir de casa para ir al supermercado, en el camino iba pensando en lo que le acababa de pasar. Era una mujer madura, tenía cuarenta y siete años, casada y con hijos, aquel muchacho podía ser hijo suyo, tendría unos veinticinco años como mucho. Era feliz en su matrimonio, aunque su vida sexual dejaba mucho que desear, hacía el amor con su marido de manera rutinaria y mecánica, casi no sentía placer. Muchas veces se había imaginado a sí misma como la protagonista de una película porno, probando todas esas cosas que había visto, siendo penetrada por todos lados y por muchos hombres, pero enseguida se arrepentía de esos pensamientos al imaginar lo que pensaría de ella su marido e incluso sus amistades, su círculo social era muy conservador y muy religioso, se sentía como una niña pequeña a la que le decían que eso era pecado. Pero ella intuía que el sexo tenía que ser algo más que lo que su torpe marido le ofrecía en la cama.

Inmersa en sus ensoñaciones volvió a casa cargada de bolsas, el portero le abrió la puerta y la saludó como muchos otros días. Subió en el ascensor hasta el tercer piso y buscó la llave en el bolso, abrió la puerta de su casa y cogió una de las bolsas que había dejado en el suelo, con el pie empujó la puerta para cerrarla pero no se oyó el ruido del portazo habitual. Ella se giró a la vez que una mano le tapaba la boca y el filo de una navaja presionaba contra su cuello, las bolsas cayeron al suelo y pudo ver como una manzana rodaba por el suelo hasta chocar contra una pared.

- No se te ocurra gritar- le susurró una voz al oído.

En el espejo del recibidor pudo ver el reflejo de su atacante, era un hombre alto, llevaba la cara tapada con un pasamontañas negro y las manos enguantadas. Podía notar el tacto del cuero contra sus labios y la fuerza de los brazos que la apretaban contra el pecho de aquel hombre, sin duda era una persona fuerte y joven.

Él empujó la puerta y se cerró de un golpe, después la llevó a la fuerza por el pasillo hasta su habitación y la hizo tumbarse en la cama. Comenzó a llorar, estaba muy asustada y todo su cuerpo temblaba. Él se le acercó sin soltar la navaja y besó sus lágrimas.
- No tienes nada que temer. Estoy aquí para hacer realidad tus sueños.

Y deslizó sus besos hasta su boca, ella se resistió pero ante la fuerza de su lengua y al temor de ser herida por el filo del arma, acabó abriendo sus labios para dejar que la besara. La sensación de esa boca desconocida la desorientó y no se dio cuenta de que mientras recibía ese beso, él la había esposado a los barrotes de la cama. Quiso gritar al verse tan indefensa pero esa lengua ocupaba todavía su boca y no le dejaba hacerlo, así que apretó sus dientes con fuerza y el extraño se retiró rápidamente hacía atrás.
Antes de que pudiera gritar la mano de cuero le tapó la boca mientras le susurraba:

- Confía en mí, por favor.

Los ojos de aquel hombre se clavaron en los suyos y parecían decirle la verdad, parecía que ese hombre no iba a hacerle nada malo. Él le tapó la boca con un pañuelo que sacó de un cajón de la cómoda y se sentó a su lado, observándola. Estuvo así varios minutos, hasta que sus manos comenzaron a acariciarla, suavemente, muy despacio. Ella se puso tensa y no quitaba la miraba de esos ojos que se dejaban ver entre los agujeros del pasamontañas, poco a poco fue relajándose y empezó a sentir lo agradable que eran esas caricias. Esas manos desabrocharon su blusa lentamente y se apoderaron de sus senos, la sensación de los guantes de cuero contra su piel le excitó y cerró los ojos, lo que aquel hombre le hacía le estaba gustando y eso no estaba bien, era un extraño que había irrumpido en su casa y pretendía violarla.

El filo de la navaja rasgó la tela del sujetador y sus pechos quedaron expuestos, con los pezones bien duros. Él acercó sus labios y comenzó a chuparlos, deslizando su lengua con avidez, ella sabía que no iba a poder contenerse a eso y notaba como sus braguitas se humedecían poco a poco. En su interior luchaba por no sentir placer pero esa lengua la volvía loca y no podía resistirse. Sintió unos suaves mordiscos en los pezones mientras unas manos se sumergían bajo su falda buscando su cálida entrepierna. Podía notar la erección de aquel hombre frotándose contra ella, parecía que el pantalón le iba a reventar cuando se desabrochó la cremallera y liberó una enorme verga sonrosada que apuntaba hacía arriba. En su escasa experiencia sexual jamás había visto algo parecido.

Enfrente de la cama había una mesa pequeña, como de un metro de altura, cubierta por una tela de terciopelo y llena de fotografías. Él se dirigió hasta la mesa y de un manotazo tiró todo al suelo, luego se acercó hasta ella y la liberó de sus esposas haciéndola levantar de la cama. Esto la asustó, no sabía lo que se proponía aquel individuo, pero por una extraña razón, no forcejeo demasiado, se dejó llevar hasta la mesa y él la tumbó encima con el pecho apoyado sobre la tela. En un rápido movimiento esposó sus manos a las patas y usó dos pañuelos para sujetar sus tobillos a las otras dos patas. No podía moverse en absoluto, él se le acercó por detrás y le subió la falda hasta la cintura, llevaba unas medias de encaje negro con un liguero y unas braguitas a juego, notó como le rasgaban las bragas con la navaja y su sexo quedaba totalmente expuesto para aquel desconocido.

Los dedos enguantados recorrieron su cálida abertura recogiendo los flujos que comenzaban a salir, esto hizo sonreir al hombre, sabía que ella iba a disfrutar de aquel encuentro. Deslizó la fría navaja por el ardiente sexo , esto la hizo estremecerse. De repente notó una lengua recorriéndola, buscando su vagina, su clítoris… Dios mío, hacía mucho que no sentía tanto placer, alguna vez su marido se había entretenido en hacerla disfrutar, pero ya no se acordaba de eso. Notaba como la lengua se agitaba dentro de su ser y las piernas le temblaban por las oleadas de placer que acudían a su cuerpo. Mientras los dedos de aquel hombre acariciaban su clítoris y conseguían que un orgasmo la invadiera. Abrió los ojos y pudo ver en el suelo una fotografía de su boda con el cristal hecho añicos, aquel extraño le había proporcionado el placer más intenso que había experimentado en su vida. Y ahora quería más y él estaba dispuesto a darselo, se acercó hasta su boca con su pene erecto entre las manos, retiró el pañuelo que la tapaba y la obligó a chuparlo sujetándole el cabello con las manos. Pensó que tendría que forcejear con ella para que se la comiera, pero para su sorpresa ella aceptó ese miembro en su boca y comenzó a mamarlo sin miramientos. Él se derretía de placer, al fin la tenía allí, toda para él, como había soñado muchas veces, chupaba su pene con muchas ganas y se sometía a él como en sus fantasias. Ya no pudo más y se volvió a colocar detrás de ella penetrándola de un golpe, se agarró a sus caderas y comenzó un ritmo frenético entre los gemidos de ambos. Él sabia que debía controlar la situación o se correría pronto, así que ralentizó sus movimientos y con su guante buscó los fluidos que rezumaban de ella, se impregnó bien de ellos y se dirigió a su ano, para comenzar a dilatarlo.

Ella enseguida se dio cuenta de lo que pretendía, nunca había practicado sexo anal y le entró miedo pero decidió relajarse y sentirse como la protagonista de esa película porno que tantas veces había imaginado. Un dedo se introdujo en su ano moviéndose en círculos mientras él seguía follándola sin descanso, la sensación fue un poco dolorosa al principio pero le fue gustando poco a poco y la enloqueció cuando sintió dos dedos en su interior agitándose y dilatando su agujero. Cuando estuvo lista él sacó su miembro de la vagina y lo acercó despacio hasta su ano, penetrándola con cuidado, pero con decisión y hasta el fondo. Un grito de dolor se escapó de sus labios, pero pronto se convirtieron en gritos de placer. Él ya no pudo contenerse más y desató toda su fuerza penetrándola sin cesar , aumentando el ritmo de sus embestidas hasta sentir como un orgasmo le invadía y se corría en su interior mientras le flaqueaban las piernas.
Muy despacio desató sus piernas y después se arrodilló ante ella y se acercó para besarla en los labios mientras soltaba sus manos de las patas de la mesa. Ella le correspondió a aquel beso y él le sonrió, pero enseguida salió corriendo de la habitación y se alejó por el pasillo para salir de la casa dando un portazo.

Ella se quedó tirada en el suelo, pensando en todo lo que acababa de pasar y en todas las sensaciones nuevas que había experimentado. Había descubierto por fin lo que es el placer y lo que es sentir un buen orgasmo, a sus cuarenta y siete años el sexo le ofrecía muchas cosas que jamás había imaginado. Se levantó del suelo y comenzó a recoger la casa para no dejar ninguna huella de lo que había sucedido, al poco tiempo llegó su marido y la encontró en la cocina.
- Hola cariño, ¿Qué tal todo?- dijo mientras le daba un beso distraído.
- Bien, todo bien.

Se acercó a la cortina y pudo ver como se abría la ventana del baño del vecino, allí estaba él y sobre el lavabo tenía un par de guantes de cuero.

 
Autor: Erótika
Resumen: No había querido saber nada, ni cuántos eran, ni su sexo, ni su edad, ni tan siquiera me importaba conocer su físico.Una mano abierta apoyada en mi espalda, y mi concentración centrada en ella, a pesar del resto de las caricias, a pesar de las lenguas que recorrían mi cuerpo, de los besos que invadían mi boca, de los roces de los cuerpos desnudos contra mi piel; a pesar de tantos estímulos sentía que esa mano me poseía simplemente por el hecho de estar en contacto conmigo. Su firmeza me infundía tranquilidad y confianza para afrontar el placer que me estaba llegando desde una docena de lugares distintos.
   
   
Contenido: No había querido saber nada, ni cuántos eran, ni su sexo, ni su edad, ni tan siquiera me importaba conocer su físico. Cuando él me expuso su fantasía de organizar una orgía en la que yo fuese ofrecida a quien quisiese poseerme, me excité tanto que empecé a masturbarme mientras le escuchaba. Aunque se había corrido hacía pocos minutos, el tema de conversación y mi reacción ante su idea le pusieron a tono rápidamente. Pidiéndome que no dejase de tocarme me penetró el culo con delicadeza para acabar follándomelo con todas sus fuerzas.Tardó más de lo que había pensado en preparar aquella fiesta y pasé las semanas de espera en un estado de nerviosismo y excitación constante, pero aún así seguía sin querer conocer ningún detalle.Cuando todo estuvo preparado y la fecha fijada, me preguntó si estaba decidida a hacerlo; intentaba asegurarse de que aquello no influiría en nuestros sentimientos ni afectaría a nuestra relación. Le tranquilicé, yo le quería, lo pasaríamos bien juntos de una forma distinta y no habría problemas por ello. Me sentía muy valiente, muy decidida.Pero según se acercaba el día señalado mi seguridad se tambaleaba y aquella misma mañana lo hubiese anulado todo de no ser por la terrible decepción que le hubiese causado. Así que, en vez de confesarle mis dudas, le pedí que estuviese siempre conmigo, pendiente de mí. Como respuesta me dio un beso rápido, me sonrió y dijo ¡Vamos a pasarlo genial, ya verás!.

Había alquilado para ese fin de semana un caserón alejado de la civilización pero acondicionado con todas las comodidades. Cuando llegamos y lo vi me quedé impresionada. Era muy antiguo, parecía un museo por los tapices y adornos que decoraban las distintas habitaciones. Una historia truculenta de las distintas generaciones que habían habitado allí estaba impresa en un montón de folletos a modo de propaganda en el mueble del recibidor, como reclamo publicitario insinuaba la posibilidad de que las almas de aquellas gentes vagasen aún por la casa, con eso ya se puede hacer uno una idea del aspecto del lugar.

Aunque nuestra fiesta no era hasta el sábado por la noche habíamos decidido irnos el viernes después del trabajo para dormir allí y aprovechar para cambiar de aires, hacer una excursión por los alrededores, dónde nos habían comentado que había parajes preciosos, y comer en un restaurante muy recomendado en todas las guías de ocio situado en un pueblecito cercano. Un fin de semana de lujo el que nos esperaba.

El viernes gastamos el tiempo en inspeccionar la casa y acomodarnos en ella. Metimos las provisiones que habíamos comprado en la nevera y en la despensa, deshicimos nuestras bolsas, nos preparamos una cena ligerita que tomamos en el porche y vimos una peli en una pantalla de esas gigantes y con sonido envolvente que habían instalado en uno de los tres salones que tenía la casita. Casi ni esperamos a que terminase la película para acostarnos de lo cansados que estábamos.

La cama era grande y cómoda, aunque un poco blanda para mi gusto, que estoy acostumbrada a colchones más firmes. A pesar de eso, y de que me suele afectar muchísimo cualquier cambio en mi entorno a la hora de dormir, caí rendida casi nada más acostarme. Me desperté sobresaltada creyendo haber oído un ruido y tardé un momento en darme cuenta de dónde estaba. Las contraventanas no cerraban del todo y un rayo de luz de luna entraba en la habitación. Me dio un escalofrío y me arrimé a Marcos, que dormía profundamente. Estaba a punto de dormirme de nuevo cuando volví a oír algo, me asusté pensando que alguien había entrado en la casa a robar.

- Tengo miedo – dije en un susurro mientras agarraba su brazo y daba tironcitos para despertarle sin conseguirlo.

Me acurruqué más aún a él y me dispuse a escuchar atentamente cualquier ruido sospechoso al tiempo que pensaba lo estúpido que había sido ver una película de suspense precisamente aquella noche. Una nube cubrió la luna y la habitación se oscureció. Marcos se revolvió tras de mí como si soñase y pareció darse cuenta de que estaba pegada a él porque pasó un brazo alrededor de mi cintura atrayéndome contra su cuerpo. Mi espalda presiono contra su pecho, mis nalgas contra su vientre y mis piernas se enroscaron en las suyas. Su mano se deslizó bajo mi camiseta y encontró uno de mis pechos, el “mmmm” que salió de su garganta me excitó tanto o más que su mano explorando mi piel. Mis pezones mostraron su agradecimiento contrayéndose y endureciéndose, pasé un brazo hacia atrás para acercar su cabeza a mi cuello y entonces él, en un movimiento rápido, dejó mi teta y agarró mi mano empujándome y echándose sobre mí. En un instante me vi bocabajo, con las manos aprisionadas por las suyas e inmovilizada bajo su peso.

- Ahora ya no tienes que temer nada – me susurró al oído con una voz distorsionada por el sueño.

Me soltó para sentarse sobre mis glúteos, me quitó la camiseta, apartó el pelo de mi cuello y acarició mis brazos y mi espalda con delicadeza y atención, como si quisiese aprenderse mi cuerpo, como si no lo conociese ya de sobra. Cada caricia me provocaba un escalofrío y me excitaba de una forma exagerada. Mi pubis se aplastaba contra las sábanas y mi deseo me llevaba a intentar moverme aunque sólo fuese unos milímetros para sentir algún roce en aquella zona mía tan necesitada. No sé si notó mi desesperación y quiso complacerme o si se la contagié y quiso complacerse a si mismo; la cuestión es que sin más preámbulos, sin ningún aviso ni paso previo se bajó de su asiento, me abrió las piernas, echó la braga a un lado y me penetro. Sus manos se clavaban en mi espalda y su polla en mi alma porque eso era lo que me parecía, que me follaba hasta el alma. Sus embestidas rápidas y profundas y sus manos dosificando mi respiración con su implacable presión hicieron que me corriese gritando contra la almohada.

- Mañana más – oí que me decía aún con la polla dentro de mí pero ya sin moverse.

Y así me dormí. Bocabajo en la cama y con su peso sobre mí. Cuando desperté él estaba en la ducha, el sol se adivinaba a través de las rendijas de las contraventanas y yo me encontraba feliz.

Pasamos la mañana en plan turistas por el pueblo, paseando entre sus antiguas calles y curioseando en sus tiendecitas de artesanía. Comimos maravillosamente en el restaurante que habíamos reservado y volvimos a casa para descansar un poco y prepararnos para la noche.

Decidí quedarme en el porche leyendo un rato mientras Marcos se tiraba en el sofá a ver la tele. Después de llevar casi veinte minutos leyendo una y otra vez el mismo párrafo, no me enteraba de nada; por más empeño que ponía en concentrarme en el libro no podía dejar de pensar que en unas horas estaría practicando sexo con un montón de extraños. Se me ocurrió que no estaría de más que fuese pensando en lo que me pondría, porque la verdad es que había traído la bolsa llena de ropa interior sugerente con la idea de decidir en el último momento lo que me apetecía para la ocasión.

Subí a la habitación dispuesta a probarme tangas, sujetadores y medias hasta que me cansase. Estaba ya medio desnuda cuando vi algo escrito con carmín en el espejo del tocador. Para que no tengas miedo, mi amor leí y extendida en un pañuelo rojo había una cadena con un precioso y elaborado colgante de plata, en el centro del adorno había una piedra ensartada de tal forma que giraba cuando la rozabas. Mirándola fijamente daba la extraña y placentera sensación de que cambiaba de color por momentos, era difícil quitar los ojos de ella. Me encantó el regalo.

Desnuda, con antifaz, colgante y zapatos, nada más; algo me decía que ésa era la mejor forma de presentarme aquella noche. Y decidí probar cómo me sentiría con ese aspecto. Me puse el colgante, los zapatos y saqué el antifaz que me cegaba y que tenía preparado para la noche, todavía tenías mis dudas sobre si ponérmelo o no. Me lo puse para probar, no veía nada; intenté imaginar qué aspecto tendría; intenté imaginar gente a mi alrededor mirándome; intenté imaginar las escenas que se iban a dar esa noche y que yo iba vivir a través de mis cuatro sentidos restantes. Empecé a excitarme. Busqué la cama a tientas y me tumbe en ella mientras mis manos se deslizaban sobre mi cuerpo. Vinieron a mi mente las caricias de la noche anterior y pensé en cuánto había estimulado aquella aventura que íbamos a cumplir el deseo entre nosotros. Habíamos pasado una mala racha hacía unos meses y ahora todo aquello parecía olvidado. Mientras mis pensamientos divagaban por esos derroteros una de mis manos acariciaba mi colgante nuevo haciendo girar aquella piedrecita entre mis dedos.

Sentí un roce en mis piernas y me sobresalté. ¡Oh no!, me he quedado dormida. Mi primera intención fue quitarme el antifaz pero alguien me lo impidió agarrando mis manos para ayudarme a ponerme en pie. Me parecía que no era Marcos, aunque no estaba segura. ¿Qué hora será? ¿Habrán llegado ya los invitados? Intenté tranquilizarme y pensar con calma.

- Es preciosa – creí entender que decía en un susurro la persona que me agarraba las manos.
- Y nos está esperando – otra voz, ésta la situé detrás de mí.
- Es generoso compartiéndola – dijo una mujer.

Me pregunté cuántas personas habría en la habitación y dónde diablos andaba metido Marcos. No me atrevía a hablar, aunque la verdad es que tampoco sabía qué decir. Los nervios me comenzaron a invadir y decidí quitarme el antifaz para tener más control sobre la situación, pero justo cuando iba a hacerlo, me besó. Un beso de esos nuestros, de esos que hacía tanto tiempo que no nos dábamos, un beso cargado de ternura, erotismo, pasión y deseo, de esos que hacen desaparecer el tiempo y el espacio, de esos que acaban siempre con un suspiro. Fue entonces cuando bajó su mano desde mi nuca, que era dónde había permanecido durante nuestro beso, hasta la mitad de mi espalda, y allí la dejó.

Alguien me agarró por los tobillos y me abrió las piernas, unas manos comenzaron a recorrerlas de forma lenta y acariciante. De pie en esa postura me sentía expuesta y observada y la situación me excitó. Oía voces a mí alrededor, pero todo el mundo hablaba muy bajito y no entendía las conversaciones, me los imaginaba a todos hablándose al oído, en susurros.

A las caricias de esas manos se unió una boca a la que se le antojó besarme el ombligo, primero de forma tímida y luego ya más apasionadamente, introduciendo su lengua en el orificio y agarrándome de las caderas para imitar los movimientos del acto sexual. Pensar que aquella persona, creo que era una mujer, deseaba follarme el ombligo resultó muy motivador.

Pronto estuve rodeada de gente. Sentía manos por todos lados y al notar mi evidente excitación, esas manos y sus dueños perdieron el respeto y delicadeza que inicialmente demostraban y se atrevieron a invadirme y explorarme por completo. Escuchaba sus jadeos mientras distintas bocas se alternaban para besarme. El olfato se me agudizó y el aroma de sexo, saliva y sudor empezó a afectarme también. Mordiscos, lametones, besos, roces y caricias se colaban por cualquier rincón de mi cuerpo. El placer era inmenso; mi primer orgasmo no tardó en llegar y mis jadeos y convulsiones no hicieron más que animar a algunas de aquellas personas a correrse también.

Aquella mano que se diferenciaba del resto por ser mi punto de amarre, decidió entonces bajar hasta mi cintura. Me rodeó con sus brazos y el resto de las personas se apartaron de mí. Me cogió en brazos y me dijo al oído:

- Espero que te haya gustado, los he traído para ti. He leído en tu mente, he visto tus deseos. Yo haré que se cumplan todos. Te quiero. – y me resultó tan extraño que no reconocí ni su voz.

Me tumbó en la cama y me hizo el amor. No sabía dónde se había metido el resto de la gente, no me importaba, me daba igual que estuviesen mirando o que hubiesen desaparecido. Fue algo inolvidable.

Quedé tendida en la cama, paladeando aún aquella experiencia maravillosa y las sensaciones que aún no se habían apagado del todo en mi cuerpo y mucho menos en mi mente. No sabía dónde había ido Marcos. Al cabo de un rato me quité el antifaz y me encontré sola en la habitación, estaba todo patas arriba. Me sorprendió que no fuese noche cerrada, debía ser más pronto de lo que pensaba o mucho más tarde. Justo cuando me levantaba se abrió la puerta y entró Marcos.

- Me he quedado dormido.- y mirando a su alrededor sorprendido: – ¡Vaya desorden! ¿Qué has estado haciendo? ¿Te tienes que duchar todavía? Va a empezar a llegar la gente y nosotros sin preparar.
- ¿La gente? – no entendía qué quería decir.
- Nena, que son las nueve, espabila. – y echándome un segundo vistazo – Bonito colgante. ¿Es nuevo?

Me dio vértigo. Miré al espejo de la cómoda y sólo vi un borrón de carmín. Con una aprensión tremenda me quité a toda prisa la cadena del cuello y la tiré sobre la cama. Tenía miedo de haberme vuelto loca. Marcos se metió en el baño y yo me quedé allí de pie intentando aclararme.

- Marcos,¿me has hecho el amor hace un rato? – me decidí a preguntarle.
- ¿Has tenido un sueño erótico? – dijo asomando la cabeza.
- ¿Y lo de anoche también fue un sueño? – el corazón se me iba a salir por la boca.
- ¿Anoche también? Pues vaya, sí te sienta a ti bien la emoción de la espera, ¡haberme despertado! – dijo partiéndose de risa.

La gente llegó, la fiesta se convirtió en orgía; esta vez sin antifaz. No me atrevía casi ni a parpadear por si perdía contacto con la realidad, lo veía todo como a cámara lenta. Hice todo lo que me solicitaron, me dejé hacer de todo, vi a Marcos con otras, con otros; le vi mirándome mientras disfrutaban de mí. Los invitados perdieron todo pudor y se vivieron escenas tremendamente morbosas. Pero yo no sentí nada. Parece lógico después de lo que acababa de pasarme, sí. Lo inquietante es, que a raíz de ese día no he vuelto a sentir placer ni a disfrutar a no ser que lleve puesto el colgante.

Han pasado dos meses. Mi relación con Marcos se ha roto, él piensa que fue por la orgía, que me afectó demasiado. Se siente culpable por más que le digo que no es por él. Igual es mejor así, me resultaría imposible explicarle lo que me pasa; bueno, ni a él ni a nadie. ¿Cómo podría explicar que vivo obsesionada de esta forma? ¿Que estoy convencida de que mi amante perfecto es un ser irreal? ¿Cómo puede alguien comprender que se pueda amar a un fantasma? ¿Cómo?… Si no lo comprendo ni yo.

Enciclopedia libre

The Dream of the Fisherman's Wife por Hokusai es una representación artistica de una fantasia sexual.

The Dream of the Fisherman’s Wife por Hokusai es una representación artística de una fantasía sexual.

Las fantasías sexuales son representaciones mentales creadas por el inconsciente teniendo como tema principal las relaciones sexuales. Se producen de forma voluntaria o involuntaria en nuestra mente. Si bien las fantasías sexuales son poco comentadas con otras personas, o no mencionadas en lo absoluto, son bastante comunes. Éstas comienzan con la pubertad y suelen acompañar al ser humano durante toda su existencia. A pesar de la popular creencia de que el varón es el que tienen mayor actividad sexual y por consiguiente más fantasías sexuales, se ha probado que hombre y mujeres fantasean al mismo nivel, solo que en diferente forma.

Al encontrarse en nuestra imaginación, las fantasías sexuales pueden perder el efecto estimulante que tienen en caso de llevarse a la práctica, pues la idealización que permite nuestra mente evita detalles que en la práctica harían de una fantasía algo muy difícil de concretar o quizás hasta imposible de realizar.

El hecho de que una persona emplee una fantasía sexual no presume necesariamente que desee llevarla a la práctica. En gran número de ocasiones las fantasías se oponen a la naturaleza del ser humano, a las creencias y a la escala de valores de quien las evoca pero como lo único que compromete es la imaginación se las acepta.

Hay casos de personas que las han llevado a la práctica, pero ya en terrenos reales tales acciones han perdido mucho de la magia que poseían en la mente. Paradójicamente una fantasía puede convertirse en una mala experiencia si se hace realidad. En el mismo renglón se encuentra el compartirla o no con la pareja, pues al tornarla de los demás, pierde ese toque de exclusividad. La opción de hacer realidad o compartir las fantasías queda al libre albedrío. Lo más importante de todo esto destacar a la fantasía como afrodisíaco y el único antídoto efectivo para contrarrestar la realidad.

Otro punto que vale la pena aclarar es que es muy común confundir a la fantasía con el deseo sexual, ya que ambos conceptos se circunscriben meramente al marco mental sobre el mismo contexto, la sexualidad, sin embargo mientras la primera se refiere a la evocación de una “situación ficticia”, el deseo es el anticipo de una “situación real”. Aunque también puede darse el caso de que el deseo tenga su origen en una fantasía, es importante dejar claro que no son lo mismo; ya que esto ultimo puede ser indicio de la presencia de alguna “parafilia”.

La fantasía masculina

Clasificar las fantasías es un trabajo arduo, su número, tipo y calidad es tan grande como seres vivos puedan crearlas con total libertad y privacidad, muchas nunca se contarán. Las fantasías masculinas suelen centrase en el control de la situación y en la capacidad sexual. Las más frecuentes son las siguientes:

  • Tener relaciones sexuales con una pareja distinta a la propia.

  • Tener relaciones dentro de un grupo (orgía).

  • Tener relaciones sexuales con personas del mismo sexo.

  • Tener relaciones sexuales con parejas anteriores.

  • Hacer el amor en lugar distinto al acostumbrado.

  • Hacer el amor con su propia pareja de manera diferente a como se realiza habitualmente (oral, anal, o de otra manera donde la pareja sea más participativa).

La fantasía femenina

Aunque se concibe que forma parte de la conducta sexual del hombre, no es algo exclusivo del sexo masculino, muchas mujeres también tienen fantasías sexuales, en algunos casos coincidentes con argumentos imaginados por los hombres. Las fantasías femeninas se caracterizan por ser de mayor duración que las de los varones y se centran en relaciones sentimentales. Las más frecuentes son:

  • Imaginarse mantener relaciones sexuales con otro hombre distinto al habitual (su marido o su pareja).

  • Pensar que está siendo objeto de una violación, ya sea con un hombre o más de uno.

  • Figurarse que está poseyendo o siendo poseída por otra mujer.

  • Rememorar otras experiencias sexuales mantenidas en el pasado.

  • Mantener una relación en la que se incluyan escenas violentas como el sadismo o masoquismo, siendo ella la que domina a un hombre sumiso que la consiente y satisface o bien es la que debe obedecer y satisfacer los deseos de otra persona dominante.

Cultura

Debido a los preceptos sociales, las fantasías sexuales que involucran la infidelidad son mal vistos, incluyendo muchas veces a la misma persona que los padece, existiendo un sentimiento de culpa y arrepentimiento. Según estudios realizados la existencia de fantasías sexuales no es un factor determinante a la hora de ser infiel a la pareja, pero las personas que son infieles tienden a tener más fantasías sexuales que el promedio.

La idea de tener relaciones con personas conocidas ha sido trasladada a la televisión y a los dibujos animados siendo el Hentai una forma de representar fantasías sexuales. Éste género de manga muestra a los personas de series conocidas como Sailor Moon o Pokemon con papeles sexuales no mostrados en las series originales y se convierte en una forma de fantasía sexual.[3]

Salud

Es recomendado por los especialistas en sexología que las parejas casadas lleven sus fantasías sexuales a la realidad en forma de juegos sexuales, esto con el fin de reavivar la vida sexual de la pareja.

Las fantasías sexuales son consideradas patológicas cuando empiezan a realizarse y esto comienza a afectar la vida del inviduo o cuando se constituyen la única forma de llegar al orgasmo. En estos casos se cae en el campo de las parafilias, en el cual objetivo sexual esta precedido por fantasías y deseos sexuales compulsivos que deben llevarse a cabo y la copulación de los miembros de la pareja no es el fin del acto sexual sino realizar la situación generada por la obsesion del individuo.

El tener pocas fantasías sexuales o caracer de ellas puede ser indicador de una patología conocida como deseo sexual hipoactivo o DSH[5] o también de un cuadro de estrés y baja autoestima que esté afectando a la persona.

Referencias

  1. Él o Ella: Fantasías sexuales Por Aloyma Ravelo, Licenciada en Periodismo Diplomada en Género Salud Sexual y Reproductiva, Universidad Academia, Stgo. de Chile, 2001.

  2. * Fantasías sexuales extramatrimoniales Agencia de noticias DERF.

  3. Fantasías sexuales en las historietas Revista Cambio.com.

  4. Hablemos de sexo Columna de Dra. en Ciencias Psicológicas Beatriz Torres, Máster en Sexualidad. en Trabajadores.cubaweb.cu.

  5. Disfunciones Sexuales – Deseo sexual hipoactivo Artículo en Monografías.com.

  6. Fantasías sexuales de los españoles Reportaje en el diario El Mundo.

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